Un juego político con el DHS

Un juego político con el DHS

En Washington hay un nuevo Congreso que bajo el liderazgo de la Cámara Baja sigue enfrascado con la Casa Blanca en la vieja estrategia de quien parpadea primero. Ahora el tema es la acción ejecutiva sobre inmigración del presidente Obama y el presupuesto para el Departamento de Seguridad Interna (DHS).

Los legisladores están en receso, cuando regresen tendrán pocos días para lograr un acuerdo que financie DHS antes del 27 de febrero.

El presidente de la Cámara Baja, John Boehner, dijo el domingo estar “ciertamente” listo para que DHS se quede sin dinero, asegurando que, si eso ocurre, la culpa está en el Senado, especialmente los democrátas, porque la Cámara ya cumplió con su deber.

La estrategia parece ser q ue el público se moleste con Obama porque prefiere proteger su orden ejecutiva a proteger el país dando fondos para seguridad.

El cálculo falla cuando los sondeos de opinión muestran que la mayoría de los estadounidenses respaldan el contenido de la acción ejecutiva. Al mismo tiempo, que tienen al Congreso en la peor estima posible por acciones como estas, que contaminan una ley con exigencias extremistas, en este caso en inmigración.

Lo que no se dice es que la mayoría de DHS seguirá funcionando porque su personal ocupa cargos fundamentales de seguridad en aeropuertos, por ejemplo, aunque lo harán sin pago porque no habrá dinero.

Donde sí habrá fondos es en el Servicio de Inmigración y Ciudadanía a cargo de procesar los beneficiarios de las acciones de Obama. Los sueldos de estos empleados están pagos por el costo que se cobra a los clientes.

Que ironía que la falta de presupuesto causada por la exigencia republicana perjudique a una importante parte de la burocracia sin afectar lo que realmente se quiere dañar.

Este es un enfrentamiento político de quien se acerca más a la corniza, asustando al público de consecuencias desastrozas y culpando al otro de la situación.

Este es un juego conocido que ha perjudicado la imagen de los republicanos. El celo ideológico en la Cámara Baja hoy impide un acuerdo con los moderados del Senado y los llevará a una nueva frustración