‘Sólo hay que romper los vidrios y entrar’

Corre la voz entre los recién llegados
‘Sólo hay que romper los vidrios y entrar’
Una de las casas de la unidad habitacional El Dorado.
Foto: Gardenia Mendoza

“Sólo hay que romper los vidrios para entrar”, describe Gabriel sin vergüenza alguna de haber invadido por la fuerza la Unidad Habitacional “El Dorado”.

Al final de cuentas, concluye, es la casa que otros no quisieron y ellos sí aunque sin corriente eléctrica, gas ni agua porque nadie se ocupa de llevar estos servicios.

Joselyn ya tiene liendres pero “cualquier cosa es mejor que volver”.

Reflexiona así mientras atiza unos leños en el piso para hacer un poco de fuego y poder cocinar algo antes de que su novio se vaya a trabajar como auxiliar de chofer de autobús por lo que gana unos 10 dólares al día. La pareja es joven, 21 él y 22 ella, y sin hijos aguantan bastante las penurias.

En mayo pasado los echaron de la Unidad Habitacional Santa Teresa. Camilo Luna, un guardia de seguridad que hoy resguarda la zona, cuenta que el desalojo lo hizo la Policía Federal en respuesta a denuncias de vecinos que culparon a los centroamericanos por robos y asaltos.

Los agentes amenazaron primero con denunciar a los indocumentados ante el Instituto Nacional de Migración, pero, al ver que muchos no se iban, los sacaron con gas pimienta y bombas molotov.

En la desbandada, los Hernández y otros cuántos se fueron a El Dorado donde forzaron chapas, patearon puertas y rompieron vidrios en busca de un nuevo hogar.

Para volver a comenzar sólo necesitaron una cama, un par de cobijas y un letrero que cuelga de la puerta con letras azules: “Proibido el paso a todos, solo personal autorizado por los dueños de la casa = Joselyn y Gabriel”

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