Bajo la censura, no escribo

En tres ocasiones el periódico El Universal de Caracas me engavetó artículos en relación a la grave crisis social, política y económica que sufre Venezuela.

Comprendo que los diarios tienen el derecho o no de publicar las colaboraciones. Respeto ese privilegio editorial, pero es muy sospechoso que esto haya ocurrido las veces que analicé temas sensibles al régimen chavista.

Aunque el presidente de El Universal, Jesús Abreu Anselmi, dijo al posesionarse que “La imparcialidad nos obliga a ser absolutamente objetivos”, rechazar un artículo por su contenido es censura. Entonces, la promesa de Abreu cuando asumió la conducción del diario, que ha sido una sólida institución periodística por más de un siglo, fue una falsedad: “No solo seremos críticos del Gobierno sino de todo aquello que sea necesario criticar”.

Una de dos: o El Universal se está autocensurando o esa empresa se metamorfoseó en una fachada del chavismo que invierten capitales bajo cuerda en medios de comunicación para controlar la información en el momento en que caiga el régimen.

ABC de España tituló en un artículo en julio de 2014: “Fantasmagórica compra del diario opositor venezolano El Universal”. No se sabe quiénes están detrás de la adquisición del periódico. Con un capital de 3,500 euros, uno o varios individuos, formaron una empresa llamada Epalisticia, dedicada a “comprar y vender parcelaciones, urbanizaciones solares, terrenos y fincas, además de inversiones en y administración de medios de comunicación, en especial, en mercados emergentes”. ¡Rara finalidad empresarial!

Esa misma sociedad, dizque establecida en España, con menos de un año de fundación y sin rostros visibles en su junta directiva, compró El Universal valorado en más de 90 millones de euros.

Realmente como columnista lo que necesito saber para escribir sin temores, es que el capital de la sociedad propietaria del periódico no provenga de negocios ilícitos, narcotráfico o el robo de las arcas petroleras, por ejemplo, pero, de manera especial, que la libertad de expresión sea respetada.

Por meses envié mi colaboración a El Universal, como lo hago a otros 66 periódicos de habla castellana del mundo, donde trato diversos temas políticos, sociales y humanos. Sin embargo, desde que comencé a mandarla al diario venezolano, traté de ser mesurado con el chavismo para no alborotar el avispero. Esas precauciones no fueron suficientes. Al parecer, es censurable mencionar a Diosdado Cabello, investigado por narcotráfico en los Estados Unidos y a Nicolás Maduro, a quien le escribí una carta para que reflexione sobre la delicada crisis venezolana.

No acostumbro a guardar silencio. Los medios de comunicación y periodistas que no sean críticos y vigilantes de los gobiernos de turno, se vuelven cómplices del régimen. Todavía me es difícil creer que un diario con la tradición y prestigio periodístico de El Universal, haya caído en el miedo o peor, controlado por el régimen.

No admito una prensa arrodillada. No permitiré jamás que nadie me amordace. Debido a que no me dejaron escribir libremente esta será la última columna que enviaré a El Universal, porque bajo censura no escribo