Editorial: Los e-mails de Hillary

De esta manera, ella dificultó la recolección automática de sus comunicaciones que permiten crear un archivo histórico en cumplimiento con el Federal Records Act
Editorial: Los e-mails de Hillary
Hillary Clinton.
Foto: Archivo

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La revelación de que Hillary Clinton usó exclusivamente su cuenta personal de e-mail para sus comunicaciones oficiales durante su gestión como secretaria de Estado pone en tela de juicio el compromiso con la transparencia de la posible candidata presidencial demócrata.

Ella no es la primera persona en su cargo que utiliza un correo personal en algunas de sus comunicaciones oficiales, aunque llama la atención que como secretaria de Estado no tuviera una cuenta de e-mail oficial con la seguridad debida para alguien de su rango. De esta manera, ella dificultó la recolección automática de sus comunicaciones que permiten crear un archivo histórico en cumplimiento con el Federal Records Act.

Este accionar se contradice con la repetida afirmación de la Casa Blanca de que esta es la “administración más transparente de la historia”. En junio de 2011, cuando Clinton todavía era secretaria de Estado, el portavoz presidencial Jay Carney aseguraba que “todo nuestro trabajo se conduce a través de cuentas de e-mail de trabajo, eso es parte del Presidential Records Act.” Hoy se sabe que eso no era cierto.

Los defensores de Clinton aseguran que ella no violó la ley, que otros lo hicieron antes y que las comunicaciones de Clinton con otros integrantes de la administración están guardadas en los correos oficiales de quienes lo recibieron. Y que cuando se han requerido estas comunicaciones, como en el caso de las audiencias legislativas sobre Bengahzi, la gente de Clinton seleccionó miles de e-mail relacionados para entregarlos al Congreso.

Es incorrecto creer que la comunicaciones de fuera de la administración no son pare del record histórico. También suena inapropiado que el conocimiento de las comunicaciones de Clinton como funcionaria pública esté limitada a lo que ella y su gente quieran revelar.

Además, el que ella haya llegado al punto de tener en su casa su propio servidor para su cuenta privada de mensajes, revela un inusual control de sus comunicaciones.

Esta situación es inquietante para una aspirante presidencial. La transparencia es una virtud de una democracia y debe ser esperada de los funcionarios públicos. Hillary Clinton no pasó esta prueba.