Agentes del LAPD, entrenados para matar

Cuando un policía usa su arma, el disparo debe detener al sospechoso
Agentes del LAPD, entrenados para matar
Agentes del LAPD responden al llamado por un hombre atrincherado en Sylmar.
Foto: Ciro Cesar

@Yorshmore

El policía que mató a Manuel Jamines el 5 de septiembre de 2010 en la esquina de las calles Sexta y Union, en Westlake, le disparó de manera certera dos veces a la cabeza porque así están entrenados en la Policía de Los Ángeles (LAPD).

La intención del agente era detener lo que consideraba una amenaza pública porque Jamines llevaba una navaja en la mano y el agente pensó que los movimientos del sospechoso evidenciaban un ataque a su persona.

Jamines de 37 años de edad, era un indígena guatemalteco que ese día andaba borracho, que hablaba el maya, poco entendía el español y menos el inglés. Por eso su muerte causó indignación entre la comunidad hispana que calificó lo sucedido como un caso de uso excesivo de la fuerza.

Sin embargo, tanto el LAPD como la Comisión de Policía y la Oficina del Inspector General avalaron la acción policial y establecieron en sus reportes que el agente había cumplido con la política del uso de fuerza letal de la corporación.

“Lo hubieran sometido entre todos los policías”. “Le hubieran dado descargas eléctricas”. Y tantos otros “hubieras” fueron expresados por la comunidad en su momento en contra del LAPD.

Pero para los agentes está claro que cuando deben accionar su arma de fuego, el disparo debe ser fulminante.

“Estamos entrenados para tirarle al centro del pecho o a la cabeza”,

“Cuando tenemos que dispararle a alguien es porque está haciendo algo grave, no podemos arriesgar a alguien o a nosotros mismos tirándole a la pierna, tenemos que parar la amenaza”, confió un agente del LAPD que pidió no publicar su nombre por no estar autorizado para hablar con la prensa.

El abogado Arnoldo Casillas lo expone más crudo: “Están entrenados para matar”.

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Para determinar si un agente actuó erróneamente en un tiroteo, de acuerdo con la política del uso de arma de fuego del LAPD, se enfoca en dos decisiones: desenfundar prematuramente y disparar injustificadamente.

“Los agentes, tanto del LAPD como del Sheriff, no tienen ningún temor en sacar su arma, aunque sea prematuramente, porque saben que si fueran a lesionar a alguien, de cierta manera tienen inmunidad penal, porque jamás los van a perseguir penalmente”, comentó el abogado Casillas, quien en un tribunal le ganó al LAPD un juicio por uso excesivo de la fuerza.

Desde el año 2001 la Fiscalía de Distrito de Los Ángeles sólo ha aceptado un caso en contra de un policía por uso excesivo de la fuerza, y se trató de un agente que estaba fuera de servicio.

El policía tampoco teme una demanda civil, dijo el abogado Casillas, porque quien paga los millones de dólares en indemnización es el contribuyente a través de la ciudad.

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El manual del LAPD autoriza a los oficiales el uso de fuerza letal para:

1. Protegerse a sí mismo o a otros de lo que razonablemente se cree sea una amenaza inminente de muerte o lesión corporal seria.

2. Prevenir un crimen donde las acciones del sospechoso ponen en riesgo de muerte o de lesión corporal seria a otras personas.

3. Prevenir la escapatoria de un convicto violento cuando se cree que su huída representa amenaza de muerte o lesión corporal seria al oficial o a otros si la aprehensión se retrasa.

* En situaciones de rehenes los agentes deben dilatar, tanto como sea posible, el uso de la fuerza letal que pudiera herir o dar muerte a inocentes