Una cultura emprendedora

El emprendedor es un recurso sumamente escaso que debemos cuidar y promover
Una cultura emprendedora
La falta de una cultura emprendedora en los negocios es un problema grave.

En los últimos dos años he hablado recurrentemente del indispensable cambio cultural que requiere América Latina para acceder al desarrollo. La cultura es el patrón recurrente de comportamiento por el cual los grupos sociales transmiten el conocimiento y los valores: es el corazón de las fortalezas y las debilidades de las naciones.

Por lo tanto, si queremos progresar como región, necesitamos un cambio de mentalidad en aspectos tan importantes como: cultura de la legalidad y estado de derecho, esfuerzo y riqueza, educación, familia y la urgente necesidad de afianzar una cultura emprendedora —entre otros aspectos.

Para lograrlo, debemos empezar cuanto antes, pues queda claro que las ataduras más poderosas son mentales.

Hablemos de la cultura emprendedora. Me resulta atractivo comentar sobre mi tema predilecto, el que tiene que ver con las empresas, los empresarios y el impulso a una cultura emprendedora. Éste es un asunto fundamental, al que se ha dado poca importancia en la región, o se ha llegado al absurdo de atacar francamente a los empresarios.

Tradicionalmente, los latinoamericanos, y los mexicanos en particular, hemos sido poco tolerantes al riesgo: sin disposición a enfrentar la incertidumbre, es difícil que nos decidamos a crear empresas. En México, aparentemente esto contradice la visión de que somos un país de emprendedores: efectivamente, somos una nación creativa, pero no estamos dispuestos a arriesgar mucho para alcanzar nuestras metas, además de que a veces nos falta ambición y voluntad de competir.

Curiosamente, los mexicanos teníamos la cultura del comercio muy arraigada desde antes de la colonia: la institución del tianguis fue admirada por Hernán Cortés. De hecho, estudios sociológicos muy serios nos muestran que el mexicano es altamente individualista y esto es favorable para que prosperen las empresas, pero debemos encausar bien este individualismo.

Desde mi punto de vista, la falta de una cultura emprendedora es un problema grave porque un país sin empresarios estará destinado al fracaso. Para ilustrar este punto pensemos simplemente en Cuba, en la extinta Unión Soviética o en Corea del Norte, como ejemplos de países que barrieron con sus empresarios y que como resultado de esta “cacería de empresarios”, sus economías se colapsaron inevitablemente. El éxodo masivo de empresarios de Bolivia y Venezuela nos permite pronosticar el triste colapso de esas economías.

El emprendedor es un recurso sumamente escaso que debemos cuidar y promover, no atacar con impuestos y regulaciones excesivas que desincentivan la actividad económica. Los resultados de este suicidio comercial se ven reflejados en un pobre desempeño económico. A pesar de que algo hemos avanzado en México en los últimos veinte años, lamentablemente en nuestro país el emprendedor aún enfrenta increíbles obstáculos.

De acuerdo con el Dr. David Konzevik, “el empresario es aquel individuo dispuesto a tomar riesgos no asegurables”. En un mundo que cambia vertiginosamente, y que por lo tanto es cada vez más riesgoso, el empresario se vuelve cada vez más indispensable. Es imposible concebir una economía moderna sin empresarios