La igualdad tan desigual de la mujer

"Mirando al Sur": blog del periodista Luis Manuel Ortiz que comenta los sucesos de actualidad desde Texas

La igualdad tan desigual de la mujer
El problema de la valoración de la mujer en la fuerza trabajadora se refleja en la falta de políticas laborales que la perjudican
Foto: Archivo/Ciro Cesar / La Opinión

Brownsville, Texas.- Si usted quiere ir a América Latina, África o Asia para conocer o ver de cerca la desigualdad con la que trabaja la mujer, respecto del hombre, no gaste lo innecesario. Hágalo en su propio país, incluso en el supuestamente más justo, Estados Unidos, y podrá ver que a pesar de leyes y palabrería oficial, la desigualdad sigue existiendo y es más grande de lo que pareciera.

En la última entrega de los premios Oscar, la actriz Patricia Arquette aprovechó la palestra en el momento en que subió al estrado para recibir su premio y sorprendió con estas palabras:

“Hemos luchado por derechos de igualdad para todos los demás. Es hora de que haya igualdad de salarios de una vez por todas, derechos de igualdad para las mujeres de Estados Unidos”.

¡Imagínese usted qué podrán exigir las mujeres de África, Oriente Medio y grandes regiones de América Latina! Pero el terreno de los salarios no es el único donde la mujer continúa estando en gran desigualdad. A las mujeres, en unos países más y en otros menos pero sucede en todos, se les sigue considerando inferiores en el empleo, en el estudio o en el espectro socio económico y político a pesar de que cada vez son más -y muy notables en ciertos casos- los ejemplos de mujeres destacadas en todos los ámbitos.

Arquette no se equivoca: Estados Unidos y muchos países tienen leyes que garantizan la igualdad de salarios, pero existen reglas y costumbres -del todo legales y formales y que los gobiernos se han resistido a corregir-, que permiten y fomentan la desigualdad.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha advertido claramente que la discriminación en los centros de trabajos sigue siendo un problema persistente a nivel global, y que va en crecimiento gracias a nuevas formas, más sutiles y permitidas por las leyes, que han estado emergiendo.

Ejemplo de esto es lo que varios expertos llaman la “méritocracia” que consiste en otorgar empleos de menor jerarquía y salarios más bajos a mujeres “de acuerdo a su capacidad para ejercerlos”. A “méritos”, pues. Este recurso con frecuencia se utiliza de manera malintencionada y es difícil evitarla mientras no se expidan y pongan en vigencia nuevas leyes expresas.

Según la OIT, este tipo de discriminación “legal” permite que haya grupos, entre ellos las mujeres, que sólo pueden acceder a los peores trabajos, con menores beneficios, seguridad social o capacitación y, por ende, con menores salarios. Y frecuentemente estas personas se mantienen estancadas en un mismo nivel de empleo sin posibilidad de ascensos y aumentos salariales.

Estos estudios revelan que, a nivel global y por las mismas razones, las mujeres devengan sólo entre el 72 y el 88 por ciento de salarios comparado con el que devengan los hombres. Y eso es en los países desarrollados. Imagínese usted en los atrasados. A eso es a lo que lleva la “méritocracia”.

Fácil resulta imaginar a qué nivel llega el problema y el nivel de injusticias en países no desarrollados y con serios problemas económicos y sociales, como es México y el resto de América Latina. En esa región, las limitaciones económicas, de educación, el aislamiento de zonas rurales y, muy particularmente quizás, los atavismos sociales y religiosos, mantienen a las mujeres en enormes desventajas y con escasas posibilidades de cambio y mejoría.

Las estadísticas revelan que el avance de la mujer en el campo laboral ha ido mejorando, especialmente en años recientes, pero también se puede observar que esa mejoría se manifiesta de manera mucho más notable en zonas demográficas con mayores recursos de educación superior (que poseen colegios y universidades) y mayor desarrollo industrial y comercial. Por otra parte, las leyes y reglamentaciones no han tomado en cuenta, en la medida que se hace necesario, factores como avance de la edad, maternidad, cuidado familiar y doméstico y otros que afectan más a las mujeres, especialmente cuando avanzan en edad, que a los varones. Cambios en las leyes han tomado en cuenta algunos de estos factores pero no en la medida necesaria. Aquí entra de nuevo en acción el costumbrismo, los atavismos y la falta de cambios en la mentalidad de las parejas y las familias.

Celebrar cada 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer y dedicarles completo el mes de marzo puede resultar algo muy impregnado de sentimiento y una gran oportunidad para mostrarles a las féminas el amor que se merecen. ¿Pero será eso lo que necesitan? ¿Un día y un mes en el calendario?