Racismo y la libertad de expresión

Rodner Figueroa trabajó para la cadena Univisión por 17 años. Su trabajo era criticar el aspecto y la forma de vestir de las estrellas del cine y la televisión. En su paso por Univisión no fueron escasos sus comentarios desatinados y groseros al referirse a diferentes personalidades del espectáculo, sin embargo, hace unos cuantos días sobrepasó todos los límites, cuando al referirse a la primera dama Michelle Obama la comparó con los personajes de la película de El planeta de los simios. Más rápido que inmediatamente, el señor Figueroa fue separado de la cadena televisiva.

Luego de su despido, el presentador presentó una disculpa pública en la que entre otras cosas dijo que él no es una persona racista, lo que en mi humilde opinión es la primera frase que utilizan los racistas cuando son descubiertos.

Pero además, Figueroa lejos de tener el valor y la hombría de bien de decir que sus comentarios fueron erróneos, dijo simplemente que lamentaba haber dicho algo que podía ser “mal interpretado”.

Pero en fin, sea Figueroa racista o no, tema en el que no pienso ahondar, en las redes sociales se desató una guerra entre los que lo condenan y los que lo defienden y se solidarizan con él. Y entre los que consideran que el caballero no hizo nada malo, un comentario repetitivo es que el ex presentador de Univisión sólo estaba ejerciendo su derecho a la libre expresión y que Univisión violentó esa garantía establecida en la Constitución.

Me parece que hay mucha confusión sobre el tema.

En primer lugar, la libertad de expresión no significa estar completamente blindado antes las consecuencias que puede generar el ejercicio de ese derecho. Yo puedo decir lo que se me venga en gana, pero si lo dicho vulnera de alguna manera a alguien más, la persona natural o jurídica que se considera afectada tiene toda la facultad de iniciar las acciones pertinentes. Esto fue lo que Univisión hizo.

La compañía comprendió que su imagen se veía afectada con lo que Figueroa dijo, y de acuerdo a lo establecido por sus políticas internas — que seguramente el “fashionista” conocía y a las cuales se suscribió por contrato- procedió a cancelar su vínculo laboral y ejercer su derecho a la libre contratación.

La primera enmienda de la Constitución lo que garantiza es que el Estado no tiene derecho a impedir la libre expresión de las personas, pero no nos blinda ante las acciones de terceros que se consideren perjudicados.

Cabe aquí decirle al señor Figueroa que el que dice lo que quiere oye lo que no quiere. Y esta vez, Univisión le dijo: “Hasta la vista, baby”