Distribuyendo las responsabilidades

Cuando mi hijo hace algo que no debe, le miro y le pregunto si acepta la responsabilidad. Me dice “sí, mamá, acepto la responsabilidad”.

Cuando un policía le pega un tiro a un afronorteamericano o a un latino que no porta armas, hemos aprendido que asignar la responsabilidad toma tiempo. Aun cuando se determina que el oficial tiene la responsabilidad, hay más preguntas. ¿Acaso ha existido un patrón de racismo y violencia excesiva en aquella corporación policial? ¿Tal vez la capacitación de los oficiales era de baja calidad?

Pero cuando cientos de hombres, mujeres y niños hondureños resultan mutilados mientras que viajan encima de “la Bestia” en un intento desesperado para reunificarse con sus familias en los Estados, asignar la responsabilidad es un poco más complejo.

Muchos de estos hondureños se han agrupado en la mera frontera entre México y los Estados Unidos con el fin de llamar la atención pública a su situación. Y todavía buscan reunificarse con sus familias en los Estados Unidos.

¿Quiénes son las personas responsables para sus heridas? Podemos echar la culpa a las autoridades en México por no haberles brindado protección en su viaje por el país, y por lo menos en mi mente, no cabe duda que ellos llevan una parte de la responsabilidad. También podemos echar la culpa a las autoridades hondureñas por las condiciones de pobreza y violencia que motivan a tantas mujeres y tantos hombres en su decisión de optar por el viaje hacia el norte. Por cierto, aquel gobierno tiene una parte de la responsabilidad. Y hay quienes les culpan a los mismos migrantes: “ellos mismos tienen la responsabilidad por haber tomado tantos riesgos”.

Pero cuando se busca asignar la responsabilidad rara vez se menciona a los Estados Unidos. La negativa de reconocer el papel del gobierno estadounidense ha sido un obstáculo grande en nuestra lucha para parar las deportaciones y actualmente para permitir el regreso de integrantes deportados de nuestras familias.

La historia de las intervenciones de los Estados Unidos en Honduras lleva decenios. También la historia nefasta de la “United Fruit” en la explotación de la economía hondureña es una cosa de muchos decenios. Recién en 2009 se ha reportado que los Estados Unidos haya respaldado un golpe de estado, derrocando a un gobierno democráticamente elegido. Por cierto el gobierno de los Estados Unidos no tardó en reconocer al gobierno instalado por los militares. El golpe produjo caos, y las fuerzas armadas y seguridad actuaron para aplastar la oposición de tal forma que causó aún más caos.

Entonces, ¿No es cierto que los Estados Unidos lleva responsabilidad por la situación de aquellas personas que salieron huyendo de la pobreza y violencia en Honduras, llegaron a este país con sus familias y luego fueron deportados y separados de los que dependían de ellos?

Jamás podremos resolver “la crisis migratoria” si no actuamos sobre las políticas tanto del gobierno estadounidense como las corporaciones en América Latina. De la misma manera que no vamos a poner fin a los asesinatos por la policía y el perfilamiento racial simplemente por medio de clasecitas de “sensatez” para los oficiales, no vamos a poder poner fin a las cosas horrorosas que suceden a las familias migrantes hasta que nos dirijamos a la responsabilidad por decenios de migración forzada.

Y para lograr esto, nuestra comunidad tiene la responsabilidad, la responsabilidad de nuestra comunidad a nuestro pueblo.