La huelga de las madres

Primero eran más de 80 las madres que comenzaron la huelga de hambre en  el centro de detención de inmigrantes. Las autoridades del campo las amenazaron, las separaron y las repartieron dentro de las instalaciones. Hoy entre  20 y 25  mujeres continúan con la medida de fuerza para poder sacar a sus hijos, que llevan largos meses encerrados junto a ellas.

La cantidad de participantes en la huelga en el Campo de Detención de Karnes, Texas, no es lo más importante, sino la injusticia de tener encerradas por largo tiempo a madres y niños, muchas de las cuales han demostrado que una amenaza real las espera en su país de origen si son regresadas.

En realidad, los solicitantes de asilo que vienen huyendo de un peligro no son tratados como delincuentes, encerrados contra su voluntad, mientras se resuelve su caso. Este debería ser el mismo trato para estas madres. Sin embargo, hay motivos políticos ajenos a ellas y a sus casos que las hace recibir un trato desfavorable.

El gobierno federal quiere mostrarlas como un ejemplo de lo que le ocurrirá a otras madres que crucen indocumentadas, pidiendo asilo y así desalentarlas de la travesía. Los tribunales eliminaron hace unos meses la política del  Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) que les prohibía salir en libertad previo pago de una fianza. Hoy lo pueden hacer, pero los 15 mil dólares que se exige  como fianza es demasiado elevado, por lo cual siguen encerradas con sus hijos. La política de desaliento continua.

Es curioso que se quiera restar importancia a la acción de esta mujeres al rumorearse que la huelga está motivada desde las organizaciones que piden su liberación, como si estuvieran tan a gusto viendo crecer a sus hijos encerrados y perdiendo peso por la comida deficiente, según afirman ellas.

La Semana Santa es una época de lucha para estas madres que a través de la huelga de hambre buscan criar a sus hijos de una manera normal. Ellas huyeron de la violencia de sus ciudades, desafiando las inclemencias de la travesía para llegar al Norte. Hoy siguen la pelea para ser consideradas como personas en vez de ser tan solo un ejempl0 deshumaizado para asustar a otras madres.