No te me acerques, que estoy furiosa

Cómo controlar la ira, enseñarle a tus hijos a manejar la propia y defenderte de los ataques de otros

“Aferrarse a la ira es como recoger una brasa caliente con la intención de tirarla a otra persona; tú eres la que se quema”. Buda

Nos puede sorprender en el hogar o en el trabajo, manejando, caminado, solos, con amigos o rodeados de compañeros de trabajo. Repentinamente, sentimos esa familiar emoción creciendo dentro nuestro, que nos hace levantar la voz y nos nubla el pensamiento.

Todos nos enojamos y perdemos la calma de vez en cuando. La bronca es una emoción normal y sana, siempre y cuando la podamos manejar. Pero cuando la furia nos nubla la vista y no nos deja pensar de manera razonable, puede causar serios problemas en las relaciones, en el trabajo y en la vida en general.

Según estudios del Hospital McLean, asociado a la Universidad de Harvard, la ira y el abuso verbal de los padres hacia los niños puede dejar cicatrices en el cerebro. Martin Teicher, profesor de psiquiatría de McLean estudió los efectos del abuso verbal paternal y encontró que produce efectos similares a otros maltratos y formas de violencia doméstica. Los niños reaccionan somatizando sus emociones con enfermedades, apelando a las drogas o aumentando su propia ira y comportamiento hostil.

“Los niños sufren de manera especial cuando son víctimas de la ira”, indicó Teicher. Los cerebros de los pequeños “bajan el volumen” de las palabras, imágenes y dolor físico, disminuyendo la integridad de sus vías sensoriales.

La ira de los niños

A cada paso, los niños se encuentran con situaciones frustrantes: no siempre pueden hacer lo que quieren, tienen que obedecer a adultos que les dicen lo que pueden y no pueden decir o hacer; no siempre tienen la habilidad manual de lograr lo que se proponen, y sienten temor frente a ciertas situaciones.

En esta etapa, las emociones y los impulsos son difíciles de controlar. Son los padres quienes deben reconocer la situación y ayudarlos a manejarla.

“Existen diferentes motivos por los cuales algunos niños se enojan con frecuencia y de manera inapropiada”, explicó Shannon Medina, consejera familiar. En algunos casos, los niños se sienten atacados o criticados y reaccionan de manera violenta, incluso cuando el ataque percibido no es tal. Cuando un niño se siente ignorado, puede asumir que nadie se preocupa por él y desarrollar una imagen negativa de sí mismo.

“Estas son las personas que de adultos continúan sintiéndose relegados, y expresan su ira, como resultado de dichos sentimientos”, explicó.

Otro motivo es el comportamiento hostil que los niños observan en sus hogares e imitan cuando quieren expresar su descontento o frustración.

Estrategias para ayudar a tus hijos a controlarse

  • Enséñales desde pequeños técnicas de control, como respirar profundo, tomar agua, o distraerse con una historia o canción.
  • Busca un momento cuando no estén enojados para explicarles la importancia de pensar antes de actuar y considerar los sentimientos de los demás.
  • Establece límites. Los niños deben saber que la violencia física está fuera de consideración y que las peleas tienen consecuencias.
  • Consecuencias educativas y lógicas. Si tu hijo tiene una reacción violenta y por ejemplo tira algo al piso, gritarle y reaccionar del mismo modo, no va a ayudarlo. Considera consecuencias como limpiar y arreglar lo que tiró, para que entienda por qué no debe volverlo a hacer.
  • Busca la raíz del problema. Quizás la bronca del niño se deba a una circunstancia temporal, como el nacimiento de un nuevo hermanito, o problemas en la escuela. Si notas que la agresión continua, consulta con sus maestros o con el consejero de la escuela.
  • Aprende a escuchar. Muchas veces parece que estamos escuchando, pero en realidad estamos esperando a que la otra persona termine de hablar, pensando qué vamos a responder. Si tu hijo está gritando, quizás sea porque siente que no lo escuchan. Busca la raíz de su enojo y frustración.
  • Mantén la calma. No siempre es fácil, pero si respondes con ira al enojo de tus hijos, no resolverás nada. Aprovecha la oportunidad para enseñarles a resolver sus problemas de manera civilizada. Pregúntales a tus niños cómo resolverían ellos la situación.

En la ciudad de la furia

Alberto Olivas, residente de Los Ángeles, California, contó que la falta de control de sus emociones casi le cuesta su matrimonio. Después de meses de terapia de pareja, y decidido a no perder a su familia, aceptó tomar clases de control de la ira.

Olivas dijo que cuando era pequeño, su padre tenía el mismo comportamiento, pero que su madre nunca se había animado a enfrentarlo. “Cuando [mi padre] se enojaba se convertía en otra persona, todos le temíamos”.

Olivas caracterizó su comportamiento durante un ataque de ira como getting big (agrandarse).

“Gritar y empujar, me hacía sentir ‘big’, me daba una especie de rush, y me sacaba la tensión. Me avergüenza reconocer que después de gritarle a mi familia, parte de mí se sentía mejor, y eso se hace un vicio”, admitió.

Olivas confesó que hasta ahora no había hablado del tema con su padre, que aún vive en México, pero que querría hacerlo en algún momento.

“Quiero enseñarles a mis hijos a controlar su coraje, que sólo imiten lo bueno y no lo malo de mi”.

Cómo protegerte de la ira de otros

Cuando tu pareja, hijos u otros seres queridos son quienes tienen los ataques de ira, recuerda que son ellos, y no tú, los responsables. Todo lo que tú puedes hacer es protegerte y proteger a tus hijos del comportamiento hostil.
La organización sin fines de lucro helpguide.org ofrece consejos para lidiar con este tipo de situaciones.
• Tu prioridad ante un ataque de ira de otro es protegerte y proteger a los niños. Confía en tus instintos, si te sientes amenazada o insegura, aléjate físicamente de tu pareja o quien sea que tenga el comportamiento violento.
• Desde un principio, establece límites claros de lo que vas a tolerar y lo que no. Una vez que una persona cruza ciertas barreras, como agredir físicamente a otro, se destruye el lazo del respeto, y es muy difícil volver atrás.
• No trates de explicar razones cuando la otra persona perdió la calma. Es mejor esperar a que ambos estén calmados para tratar el problema de la ira y buscar una solución.
• Si la persona se niega a tomar clases de control de la ira, o ver a un terapista, considera un consejero o terapista para ti,  que te ayude a manejar la situación o a dejar la relación de ser necesario.

Enojarse sin perder el control

Es posible enojarse sin perder el control de tus acciones. La Asociación Americana de Psicología (apa.org) ofrece algunas estrategias para lograrlo.

  • Relax. Algunas herramientas como respirar profundamente, o imaginarte un lugar especial donde querrías estar, pueden ayudar a calmarte. Las parejas en las cuales ambos pierden el control pueden tomar clases juntos y aprender técnicas que los ayuden a discutir de manera efectiva. Ejercicios como el yoga ayudan a relajar los músculos, y sentirse mejor.
  • Míralo desde otro ángulo. Cuando una persona se enfurece tiende a exagerar y dramatizar los hechos. Por ejemplo, si tu hijo llega a la casa con malas calificaciones, en lugar de enfurecerte y gritarle: “Nunca llegarás a nada. ¿Para qué me sacrifiqué tanto?”, puedes expresar tu decepción de manera constructiva, y en lugar de humillarlo y lastimarlo con tus palabras, trata de encontrar una manera para que mejore sus calificaciones.
  • Tómate tu tiempo. Asegúrate de reservar tiempo personal para ti, especialmente los días que sabes que serán estresantes. Una buena práctica es instaurar la regla de 15 minutos cuando llegas a la a casa. Dile a tu pareja y a tus hijos que, a menos que se esté quemando la casa, te tienen que dar 15 minutos de respiro, para dejar tus cosas, recuperarte y juntar energía. Cuando sientes que estás perdiendo la calma en medio de una discusión, pídele a la otra persona que te de un tiempo para relajarte y prométele continuar la conversación en otro momento.
  • Busca alternativas. Algunos hábitos pueden contribuir a que pierdas la calma. Si por ejemplo, discutes con tu pareja por las noches, el cansancio puede colaborar a que te enfurezcas y siempre terminen peleando. Si el tráfico de las autopistas hace que llegues a tu casa enojada, trata de encontrar una alternativa, ya sea pidiendo un cambio de horario, buscando otra ruta, o usando el transporte público.
  • Ten cuidado con palabras como Nunca o Siempre. Cuando perdemos la calma, también perdemos la capacidad de comunicarnos de manera lógica. Antes de acusar a tus hijos de “nunca” limpiar su cuarto, o pelearte con una amiga porque “siempre” eres tú quien la llama, trata de analizar la situación de manera lógica y realista y ajusta tus expectativas.
  • Si no te gusta, no lo hagas. Muchas veces, perdemos la calma porque nos sentimos heridas y reaccionamos tratando de lastimar a quienes nos lastimaron primero. Lo único que consigues defendiéndote de este modo es perpetuar la cadena de la ira.

Ira y depresión

Estudios han encontrado una relación entre las expresiones de enojo desmedidas y la depresión.
Darin Dougherty, profesor de psiquiatría del Hospital General de Massachusetts, estudió las reacciones de pacientes con depresiones mayores que tenían ataques de ira inapropiados para la circunstancia, y que no coincidían con su personalidad habitual.
El investigador observó que los exabruptos de sus pacientes generalmente desaparecían cuando terminaba la depresión. Cuando los sentimientos de enojo se convierten en comportamiento hostil se activa la amígdala, una parte del cerebro asociada con las emociones de ira, ansiedad y miedo, entre otras. En el caso de las personas que pueden controlar la ira, se activa la amígdala, pero la corteza frontal orbital, le pone “frenos” a la emoción. Mientras que en los pacientes con depresión y ataques de ira, ese freno no se activa, y por el contrario, aumenta la actividad de la amígdala.