Despliegan fuerte operativo en Dodger Stadium

Justo a las 8:00 a.m., cinco horas antes de que comenzara el partido, una caravana de 10 vehículos con vidrios polarizados ingresó a Dodger Stadium.

Los Crown Victoria, de color negro, blanco y dorado, se apostaron en diversos accesos del estacionamiento del inmueble.

De cada uno de los automóviles descendió un oficial uniformado de alto rango del Departamento de Policía de Los Ángeles; el operativo de seguridad para el juego inaugural de temporada entre Dodgers y Padres de San Diego estaba en marcha.

El evento ameritaba máxima atención de las autoridades, 53 mil personas estaban próximas a invadir el predio de Chavez Ravine para ser parte de una tradición que ha trascendido de generación en generación.

“Estar en el primer juego de temporada es muy emocionante, sobre todo ahora que traigo a mi hijo conmigo por primera vez”, comentó Amado Nava, un residente de Glendale que dijo haber asistido a los últimos nueve juegos inaugurales de temporada de los Dodgers.

La visita de ayer de Nava y el resto de los aficionados a la casa de los Dodgers fue diferente al resto de las anteriores.

Por primera vez, y siguiendo un nuevo protocolo de seguridad instaurado por la Grandes Ligas esta temporada, todos los fanáticos fueron sujetos a una revisión con detectores de metales.

Ya dentro del inmueble, la tensión de pasar los filtros de seguridad se transformó en la alegría de poder atestiguar el  regreso de los muchachos del verano.

Envueltos en su franela blanca con el nombre del equipo escrito en grandes letras azules al frente del uniforme, los jugadores de los Dodgers de Los Ángeles tomaron el campo para abrir la temporada.

El estruendoso sonar de juegos pirotécnicos, seguidos por la solemne interpretación del himno nacional y el despliegue de una enorme bandera de los Estados Unidos que en cubrió en su totalidad las praderas del jardín derecho, central e izquierdo, crearon una atmósfera de genuino orgullo patriótico.

La corriente eléctrica generada por los actos previos al encuentro desembocó en el delirio de los fanáticos cuando abordo de un descapotable blanco aparecieron las leyendas del pitcheo de los Dodgers, Don Newcombe, Eric Gagne y Fernando Valenzuela.

Los tres  fueron los encargados de lanzar la simbólica primera bola  del encuentro a lo que le siguió el grito de los aficionados coreando: “Hall of Fame … Hall of Fame” para pedir que el zurdo mexicano sea considerado a ingresar al Salón de la Fama de las Grandes Ligas.