Un chico latino con gasolina en las venas

Joven busca hacer carrera en el mundo de las competencias automovilisticas

Cuando tenía 5 años Jairo Ávila supo que por sus venas corría combustible.
A esa edad muchos aprenden a andar en bicicleta, pero él ya conducía go-karts a una velocidad de hasta 40 millas por hora, por encima del límite permitido en varias calles de Los Ángeles.
Jairo contó que le empezaron a gustar las carreras de autos porque el hijo de un amigo de su padre, también muy pequeño, ya participaba en esas competencias . Una vez fue a verlo y le llamó la atención. Luego tomó clases y le gustó. Empezó siendo un manojo de nervios. Dice que temblaba cuando corría. Perdía en un principio – lo explica porque todos los otros chicos ya tenían experiencia – pero con el tiempo fue teniendo mejores posiciones. Las competencias eran contra unos 30 y 40 chicos de 5 a 7 años. Un día llegó al podio y de ahí no se fue. “”, dijo.

“Empecé nervioso pero al acostumbrarme comencé a ganar”, contó Jairo, ahora de 19 años y convertido en una promesa en las carreras profesionales de NASCAR, en las cuales participan pocos latinos.

“The Bullet (La Bala)”, como le apodan en este deporte, ha terminado sus cinco competencias en esta categoría dentro de los primeros diez lugares, un logro para un novato sin patrocinios.

Le apodan “la bala” desde niño porque terminaba en primer lugar aún cuando empezaba en una posición muy atrás.

Jairo creció en Alhambra y aprendió por su cuenta, viendo las carreras en la televisión, con el simulador de carreras y con los consejos que le dan los equipos de mecánicos que contrata para las carreras.

Un deporte caro
Hijo de colombianos, Ávila no ha tenido actividad este año y se conforma con entrenar en un simulador de manejo mientras busca compañías que le ayuden a pagar los 90,000 dólares que necesita para alquilar un auto y un equipo de mecánicos competitivos. Esa suma cubriría apenas la participación en una de las competencias.
Su padre calcula que ha invertido alrededor de un millón de dólares en el sueño de su único hijo, sin embargo, su chequera ha llegado al límite. “Se han hecho muchos sacrificios, él tiene mucho talento, pero ya no lo puedo ayudar”, comentó el señor Jairo Ávila, quien llegó a este país en 1986.

El padre compartió que en un principio otros competidores le regalaban llantas al chico para apoyarlo, pero lo dejaron de hacer cuando el chico los empezó a rebasar en el podio. “Cuando empezó a ganar ya no nos las regalaron”, dijo.
Solo las lesiones han alejado al chico de las pistas. En 2010 un choque le destrozó un pié y lo dejó en muletas todo un año; en 2012 otro accidente le causó una contusión cerebral y paró seis meses.

Su padre contó que sufrió cuando su hijo se destrozó el pie en el accidente pero que lo apoyo cuando él decidió regresar. “Hemos tenido esos altibajos, lo importante es que siempre he estado con él, motivandolo”, dijo el padre.

Su entrada a NASCAR
Pero su regreso fue triunfal. En 2013 ganó la carrera The Bullring de Las Vegas a bordo de un coche antiguo conocido como “legend”, sumando diez campeonatos obtenidos en distintas divisiones y pistas del país.
El verano pasado inició su aventura en NASCAR, donde las competencias se realizan en un circuito donde se conduce a 200 millas por hora. La velocidad no lo intimida y se mantiene con calma a pesar de lo fuerte que pueden ser las competencias.

Jairo dice que siempre trae tres pulseras con los nombres de dos corredores de autos que murieron en accidentes en la carretera. Son sus amuletos. “Me siento seguro, me dan suerte”, dijo.

“Quiero representar bien a los latinos, ganar el campeonato de NASCAR, que se mire que los latinos pueden hacer algo”, dijo Jairo, quien vive en la ciudad de Alhambra.
Fuera de la pista, el sueño de “La Bala” es obtener un título de ingeniero mecánico. Pero lo ha puesto en velocidad neutral pensando en convertirse en un gran piloto. “Al acabar la secundaria dije que me quería enfocar en las carreras porque quiero hacer algo”, mencionó.

Aunque dice que le gusta la adrenalina y la velocidad, agrega que en la calle es el conductor más precavido, “nunca ando corriendo”, expresó.
Además que los carros comerciales no se prestan para correr como a él le gusta. Dice que ha ido a competir con coches convencionales al Irwindale Speedway, pero que su camioneta apenas si alcanzó las 80 millas por hora al llegar al final de la ruta.
Dice que también le gustaría competir en Fórmula 1, donde los coches alcanzan velocidades superiores a NASCAR.

La ausencia de hispanos en este deporte (los pocos vienen de América Latina) se entiende por su costo. En los inicios de “La Bala” cada carrera de go-kart costó 7,000 dólares y en su última participación en NASCAR se pagaron 35,000. Cada vez que se daña el vehículo en un choque el piloto debe pagar; lo mismo ocurre cuando hay lesiones.
A pesar de todo, el señor Ávila, un constructor, afirma que la inversión ha valido la pena. “Porque he convivido con mi hijo, juntos luchamos por este sueño”.

Las carreras NASCAR

Las carreras NASCAR (Asociación Nacional de Autos Estándares de Carreras) tienen sus orígenes en el Sur de Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial. Aunque las carreras generalmente se realizan los domingos, hay varios eventos previos.

Antes del gran evento los conductores compiten por las primeras posiciones en la carrera. Adicional al conductor, un equipo NASCAR es compuesto por el equipo de mantenimiento y un jefe de equipo. Muchas carreras se ganan o pierden por la habilidad de estos hombres quienes pueden cambiar cuatro llantas, cargar los autos de gasolina, y hacer ajustes menores en menos de 15 segundos.

El equipo también tiene expertos observadores que pueden comunicarse con el conductor a lo largo de la carrera, quienes le dicen en dónde se encuentran otros conductores en la pista. Actualmente los eventos se llevan a cabo en pistas por todo Estados Unidos.