Los padecimientos no detienen la educación

Cada año un promedio de 2,500 alumnos son educados en sus hogares o en hospitales
Los padecimientos no detienen la educación

Kimberly Cornejo, estudiante del primer grado, llegó tarde a su salón de clases: el comedor de su casa. Se retrasó porque una enfermera le extraía la orina con una sonda, algo que ocurre cada tres horas.
Concluido el procedimiento, la niña recibió con una sonrisa y un cálido abrazo a su maestra, Lydia Saxton, quien desde hace 15 años trabaja enseñando a domicilio en Los Ángeles.
“Ella es mi mejor estudiante”, dice la profesora antes de sentarse en un extremo de la cocina, adornado con tareas y búhos con letras en la barriga, y sacar tarjetas con círculos de colores. La clase ha iniciado.
Kimberly nació hace siete años sin músculos abdominales y no puede orinar apropiadamente. También se vale de un dispositivo para respirar. La niña asistió a una escuela por tres años pero solía enfermarse, cuenta su madre, Martha Santana.
De hecho ella pasó la mitad del ciclo anterior internada en un hospital por infecciones.
“Eso la atrasó”, señaló la vecina de Granada Hills. “Es mejor tenerla aislada para que mejore su salud”.
Desde el verano, la niña recibe instrucción en casa y el plan es que regrese a la primaria en agosto.
Cada año, un promedio de 2,500 alumnos son educados en sus hogares o en hospitales, lo cual se logra con un ejército de 270 maestros errantes.
Actualmente hay 620 estudiantes en este programa especial del Distrito Escolar de Los Ángeles (LAUSD), la cifra más alta de su historia.
Se trata de niños que reciben quimioterapia, que se quebraron un hueso, que fueron baleados, que tienen necesidades especiales o padecen algún desorden mental (esquizofrenia, bipolaridad).
Unos ya han sido desahuciados pero siguen educándose.
Es elegible todo el que requiera de un profesor después de ausentarse por más de diez días de la escuela, incluso los que provienen de otros países buscando un mejor tratamiento médico.
“Es importante sobre todo para estudiantes de secundaria que deben ganar créditos para graduarse”, dijo Joe Salvemini, director de la escuela/hospital Carlston, que administra este servicio.
Aún prostrados en la cama, la instrucción es la misma que en el aula, pero las graduaciones se adelantan si la vida de algún alumno pende de un hilo. “Al final de mi primer año como director un maestro se derrumbó y me dijo: ‘este año perdí a nueve estudiantes’”, relató Salvemini.
La maestra Saxton, quien es cubanoamericana, celebra que este ciclo solo ha tenido sustos. Desde el año 2000, seis de sus estudiantes han fallecido.
En su primer año en este programa Saxton despidió a dos. Uno de éstos era una niña de primer grado que fue traída de El Salvador para tratar de curarle el cáncer.
“Los padres no hablaban inglés y me pidieron que los ayudara a comprar un ataúd antes de que muriera. Fui con ellos. Fue muy duro”.

Una madre que no se resigna
Una enorme sonrisa se dibuja en el rostro de Yazmin Martínez, de siete años, cuando sus dedos tocan las cuerdas de una guitarra. Hace unos meses era imposible arrancarle una expresión.
Yazmin tiene parálisis cerebral y microcefalia severa; convulsiona y está postrada en una silla de ruedas.
En Tijuana, los médicos le advirtieron a su madre: “espere lo peor”. Por eso la trajeron a Los Ángeles.
“Yo no me resigné a eso”, cuenta Zeltzin Nieto, madre de la niña, que depende de ella para todo.
Pero aquí una tarde Yazmin regresó de la escuela con el fémur roto y tuvo un yeso por dos meses.
Después del incidente, la madre pidió que su hija recibiera clases en casa y no se equivocó.
“Está madurando más”, afirmó Nieto. “He notado que escucha mejor, que las personas vienen y voltea”.
La responsable del avance es la maestra Rita Cabezas, quien no para de jugar con la niña. Así la educa.
051515-7-Home SchoolCon lágrimas, Cabezas asegura que éste es el mejor empleo que ha tenido. Ella visita a cinco alumnos, cada uno con una condición particular. Uno tiene problemas del corazón; otro ya fue desahuciado.
“Los quiero con todo mi corazón y están progresando mucho”, dice la profesora.