Papas no vienen todos los días

Para un papa argentino visitar Medellín es obligatorio

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Papas no vienen todos los días
El Papa Francisco saluda a los fieles al salir de la Plaza de San Pedro en el Domingo de Ramos.

Papa Francisco, salud.

Gracias por el anuncio de que nos dará con su argentina infalibilidad en 2016. Me apresuro a intrigarle un huequito en su agenda a la que no le cabe una hostia de consagrar. Lo espero a almorzar, perdón, lo espera a almorzar, desesperado, el presidente Santos para dejarse ganar al póquer a cambio de que le ayude con la casquivana paz. No hay almuerzo gratis.

Para un papa argentino visitar Medellín es obligatorio. Recuerde que su vecino uruguayyyyyo, Carlitos Gardel, de quien se apoderaron los gauchos, murió en un accidente aéreo cuando el avión en el que viajaba chocó con otro en el aerpuerto Olaya Herrera. Lo esperan la calle 45, en Manrique, el Vaticano del tango, con su Casa Gardeliana. Los buses de servicio público lo dejan cerca para que deje tranquilo su papamóvil y ahorre gasolina.

Veo a su festiva Santidad, el Pepe Mujica de los argentinos, cantando “mi Buenos Aires, querido”. Le tenemos barrio con ese nombre.

Su paisano Borges, quien anduvo por acá, dijo que “el papa es un funcionario que no me interesa”, pero usted lo perdonará. Es parte de su trabajo. Si ahora que tiene la sartén por el mango relee los poemas a los dones de Borges, lo canonizaría en menos que tarda El vals del segundo, de Les Luthiers. Sería el primer santo ateo.

Otro paisano suyo, don Leonardo Nieto, dueño del Salón Versalles, ametrallado de diplomas, está dispuesto a arruinarle la pontificia dieta con pecaminosas empanadas argentinas.

¿Le sobran algunos kilos? Los médicos que hace unos años limaron la panza de Diego Armando Maradona, quien alborotó hace poco en Macondo, harían lo mismo con su educación.

Lo veo escaparse de noche disfrazado de motociclista, como el presidente francés, Hollande, rumbo al Patio del tango, en el barrio Antioquia, o al bar Málaga, en pleno centro, para oír a los hermanos Carolina y Luis Ovidio Ramírez. Con toda confianza pídales Malena. O Cambalache.

¿Tiene alguna pregunta sobre “esa ráfaga, el tango”? Ahí le tenemos a los expertos Jaime Jaramillo Panesso en ausencia del maestro Carlos Gaviria.

En Medellín han jugado miles de argentinos como el Charro Moreno quien prefería equipos donde jugaran sus amigos. El sabio de la tribu en fútbol, Osvaldo Zubeldía, murió acá. Lo mismo Julio Arrastía, ducho en ciclismo.

Un hombre como usted que no tiene presa mala, como la suculenta Isabel Sarli en sus mejores días, tiene que venir a Medellín donde nos criaron con esa segunda trinidad bendita llamada frisoles, mazamorra, arepa. Y con tangos. Además, aquí tratamos de vos hasta al Corazón de Jesús en la jaculatoria famosa. Se sentirá en casa.

Lo esperamos, che, Pacho, y perdone la igualada pero usted no parece el papa sino un vecino de Corrientes 3, 4, 8, segundo piso, ascensor.

Ah, y no olvide echarnos una mano con la paz. La violencia ha sido tal que provoca blasfemar con Atahualpa Yupanqui, otro iluminado paisano suyo: “Dios por aquí no pasó”.