La mafia detrás de los centros de acogida para inmigrantes

Una parte de los subsidios del Estado italiano va a parar a grupos turbios con lazos políticos
La mafia detrás de los centros de acogida para inmigrantes
Africanos en Italia.
Foto: Archivo

ZZALLO, Sicilia

La solidaridad hacia los cientos de miles de migrantes africanos que arriban a diario a las bellísimas costas del sur de Sicilia tiene una cara oculta: el negocio casi mafioso que se esconde detrás del funcionamiento de los centros de segunda acogida, donde están obligados a quedarse hasta que obtienen el derecho de asilo y demás documentación.

“Es un business que en verdad no ayuda a los migrantes, sino que hace lucrar algunos a partir de un sistema que evidentemente no funciona”, asegura a LA NACION Flavio Scrofani, que trabajó en los últimos tres años en un centro de segunda acogida de Chiaramonte, provincia de Ragusa.

Scrofani no es el único que piensa así en Sicilia, donde puede tocarse con la mano eso del business detrás de los desesperados. Sólo con ver que hay asilos de ancianos que dejan de recibir ancianos y empiezan a hospedar migrantes, o casonas de campo que dejan de ser hoteles para turistas para reciclarse en centros de migrantes puede sospecharse la existencia de un gran negocio.

Más allá de la buena voluntad con la que fue pensado, fue el sistema Sprar (Sistema de Protección para Solicitantes de Asilo y Refugiados), puesto en marcha en 2011 por parte del Ministerio del Interior, el que dio lugar al descontrol. Sobre la base de éste, regiones y comunas, luego de las respectivas licitaciones, adjudican a cooperativas, asociaciones civiles, ONG y demás grupos el funcionamiento de los centros de segunda acogida. Cada centro recibe del Estado un máximo de 35 euros por día por cada migrante hospedado. A cambio, debe otorgarle al principio ropa, techo, comida, pocket money (por lo general 2,50 euros diarios) y cinco euros semanales de recarga telefónica.

Roberto Puccia, que salvó en medio de la noche y de la tormenta a varios migrantes como voluntario del Cuerpo Italiano de Rescate de la Orden de Malta, asegura que en muchos casos, no todos, claro, buena parte de esos 35 euros diarios destinados a cada migrante quedan en los bolsillos de mafiosos, por supuesto con conexiones políticas. “Pero no es una acusación mía. Esto fue confirmado por los fiscales cuando salió a la luz el escándalo Mafia Capital”, dice Puccia. Alude así a la redada que conmovió a fines del año pasado a Italia, cuando una investigación judicial llevó al arresto de un grupo mafioso enquistado en las altas esferas políticas de la capital. Éste no sólo manejaba licitaciones y fondos públicos de la comuna y de la región del Lazio, sino también la gestión de centros de inmigrantes. Entonces, causó gran impacto la difusión de una interceptación telefónica en la que uno de los mafiosos arrestados le decía a su brazo derecho: “¿Tenés idea de cuánto ganás con el business de los inmigrantes? Los inmigrantes rinden más que la droga”.

Según datos del Ministerio del Interior, en este momento en Italia hay un total de 70.507 inmigrantes en diversos centros de segunda acogida distribuidos a lo largo de las diversas regiones de la península. Sicilia, principal puerto de arribo de los desesperados, es la región que hospeda la mayor cantidad, el 21%, es decir, 14.806, seguida por el Lazio (cuya capital es Roma), con el 12%, 8460. Vista la aceleración de desembarcos actual, este año podrían llegar otras 200.000 personas.

“Como nosotros”

“Los migrantes son seres humanos como nosotros, está fuera de discusión el hecho de que hay que salvarlos, muchos son perseguidos y escapan de guerras, pero hay que ayudarlos de otra forma”, dice Scrofani. “El dinero que se gasta para mantenerlos durante meses, a veces años, a la espera de que se defina si consiguen asilo o no, y demás documentación, habría que gastarlo para sostenerlos en sus países”, agrega.

 

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