Editorial: Matrimonio gay no es una amenaza

Esta es una nación libre y diversa en donde la tolerancia es uno de los pilares en que esta construida

El debate sobre el matrimonio gay despierta una controversia en que se entremezclan valores personales de individuos que quieren imponer una moral propia a otros y las personas que quieren ser aceptadas como son para poder vivir una vida normal sin señalamientos, burlas ni odio. Esta es una nación libre y diversa en donde la tolerancia es uno de los pilares en que esta construida.

Esta es la naturaleza de la discusión sobre el matrimonio gay, el cual hoy tiene su segunda ronda en la Corte Suprema de Justicia. La decisión de un tribunal federal de apelaciones de ratificar las leyes que prohiben el matrimonio gay en Kentucky, Michigan, Tennessee y Ohio hizo regresar el tema al Supremo para decidir si estas leyes son inconstitucionales y si todos los Estados deben reconocer el casamiento realizado en otro Estado.

Estas son las preguntas que deben argumentar ambas partes y decidir los magistrados. Afuera del tribunal y alrededor del país lamentablemente esta discusión tiene el apasionamiento de lo religioso, de las verdades absolutas. El no estar de acuerdo con ellas, actuar de una manera diferente y defender esa libertad de acción la llaman un ataque a la libertad religión, distorsionando la discusión.

Las barbaridades que se dicen en esta conversación son muchas. Hay gente que cree como la ex congresista Michele Bachmann que el matrimonio gay -además del gobierno de Obama- va a adelantar el apocalipsis. Esta afirmación es digna de risa, pero hay mucha gente que ve su fe amenazada cuando todo el mundo no comulga con ella.

Ese es un problema porque la libertad de religión de nuestra nación habla de la diversidad de credos y no de la imposición uniforme de uno en específico con sus permisos y prohibiciones.

Es penoso que una parte del discurso político republicano de hoy alimente esa idea de una religión acorralada cuando no lo está y que el matrimonio gay sea el detonador de este sentimiento. Esperamos que el Alto Tribunal haga lo correcto como ya lo hizo una vez, que respete los principios religiosos individuales y el deseo de quienes prefieren hacer su vida sin molestar a otros…y si se molestan, es un problema propio por meterse en la vida de los demás.

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