Amamantar en público, y con orgullo

Celebramos los senos de una mujer cuando se muestran con fines sexuales o comerciales, pero que los encuentra ofensivos cuando alimentan a un niño.
Amamantar en público, y con orgullo
El tiempo mínimo de lactancia, recomendado por la Academia American de Pediatría es de seis meses.
Foto: Archivo / Shutterstock

Pocos aspectos de nuestra sociedad son tan irónicos como la reacción que tienen algunas personas cuando ven a una madre amamantar a su bebé en público.

Cada año, millones de mujeres se someten a cirugías para aumentarse los senos y supuestamente verse más atractivas. Los medios nos bombardean con imágenes de modelos con grandes escotes y blusas reveladoras. Vivimos en una cultura que celebra los senos de una mujer cuando se muestran con fines sexuales, comerciales o de entretenimiento, pero que los encuentra ofensivos cuando alimentan a un niño.

Un mes atrás, una indignada mesera de Hooters, la cadena de restaurantes famosa por el uniforme revelador de sus empleadas, inició una cadena de mensajes en Twitter burlándose y avergonzando a una clienta que estaba amamantando en el restaurant.

“Deberías haberle tirado una alita de pollo”, respondió otra de las empleadas, también ofendida por los senos de la madre.

Paala Secor, una bloguera activista que defiende los derechos de las madres y la lactancia en público, descubrió las burlas de las meseras e inició una campaña en los medios sociales. “No tengo nada en contra de las mujeres que ganan dinero mostrando sus senos. Acepten a las mujeres que eligen darles otro uso”, twitteó la madre bloguera.

La cadena de restaurantes luego publicó una disculpa asegurando que Hooters no se oponía a que las madres amamanten en su establecimiento.

Pero las meseras de Hooters no son las únicas mujeres a quienes les molesta la visión maternal. Muchas mujeres, que incluso han sido madres, sienten rechazo al ver a otra mujer amamantar en público. Martha Valencia, residente de Los Ángeles y madre de un hijo ya adulto es una de ellas.

“No tengo nada en contra de las madres y la lactancia, me molestan las mujeres que no se cubren, porque me hacen sentir incómoda”, opinó.

Legalmente hablando

Para ciertas personas, la lactancia es un milagro que les despierta sentimientos de ternura, mientras que para otras es una visión sexual que las hace sentir incómodas. Pero más allá de la interpretación personal de cada uno, existen leyes estatales y federales que regulan la práctica en público.
Según información de la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales:

  • Cuarenta y nueve estados, el Distrito de Columbia y las Islas Vírgenes tienen leyes que permiten la lactancia en cualquier sitio público como privado, entre ellos California, Nueva York, Florida, Illinois y Texas.
  • Las mujeres están autorizadas a amamantar a sus hijos en edificios federales.
  • En Puerto Rico, las oficinas de gobierno, los aeropuertos y los malls, entre otros establecimientos,  deben proveer áreas designadas, que no sean baños, para que las madres puedan amamantar y cambiar pañales.
  • En Nueva York, los niños menores de un año que aún están siendo amamantados pueden acompañar a la madre cuando ésta es enviada a un establecimiento correccional.
  • En 17 estados, entre ellos California, Illinois y Puerto Rico, las madres pueden posponer y evitar servir como jurado cuando están amamantando a sus hijos.

Para informarte sobre otras leyes referidas a los derechos de lactancia en público, visita el sitio www.ncsl.org

Lactancia a distancia

Antes de dejar el hospital, la mayoría de las madres reciben información sobre los innumerables beneficios de la lactancia y cómo hacerlo. Aprenden cómo acomodar al niño en sus brazos, cuando están en sus hogares, y cómo bombear la leche cuando deben volver a trabajar.

La ley de Cuidado de Salud (ACA), u Obamacare, firmada en 2010, requiere que el empleador provea a las mujeres que acaban de dar a luz un tiempo razonable y un lugar que no sea el baño, donde poder extraer la leche para su bebé. Pero después de cinco años, aún existen empleos que no cuentan con un lugar apropiado dónde hacerlo.

Cristina Acevedo, empleada de un restaurant de comida mexicana de Los Ángeles, contó que al regresar a trabajar, tenía que ir al baño, cada dos o tres horas para extraer la leche.

“Comenzaba a sentir dolor y a gotear y tenía que usar el ‘pump’. Pero hacerlo parada en el baño era tan incómodo que en menos de un mes dejé de amamantar. Después me arrepentí por mi niña y porque la fórmula es muy costosa, pero tampoco podía perder mi trabajo”, explicó.