Dueña de lo que callas, esclava de lo que cuentas

Cuándo guardar un secreto y cuándo decir la verdad
Dueña de lo que callas, esclava de lo que cuentas
No es lo mismo mentir, que editar el relato o recortar la verdad.
Foto: Shutterstock

Seamos honestas, todas mentimos de vez en cuando.

Mentimos cuando no sabemos la respuesta, mentimos para no herir sentimientos, mentimos cuando intuimos que la verdad puede causar más daño que el engaño. A veces, ni siquiera llegamos a mentir, sino que editamos la historia,  dejando afuera ciertos detalles.
¿Es igual mentir que guardar un secreto?
En las relaciones de pareja, existen circunstancias en las que revelar un secreto puede ser más perjudicial que enterrarlo en el olvido.
Verónica Zamora, residente de Sun Valley, California y casada por 15 años, nunca tuvo un affair, pero sí un secreto que ocultó por años. Tres años atrás, decidió sincerarse con su pareja y contarle la verdad. Zamora reconoció que todavía le avergonzaba lo que había hecho y pidió dejarlo “off the record”.
“Lo que sí puedo decir es que contárselo me causó demasiados problemas y que me arrepiento de haberlo hecho”. Zamora contó que a pesar de tratarse de algo que había ocurrido años atrás, su esposo se enfureció al enterarse. “Desde entonces, ya no me tiene confianza. Ninguno de los dos ganó nada”, opinó.

¿Cuándo es preferible ‘recortar’ la verdad?

Existen circunstancias en las que es mejor sincerarse y circunstancias en las que no. Si tienes un secreto que te quema en la cabeza y no puedes decidirte si contarlo o no, trata de considerar algunos de los siguientes factores.

Mejor olvídalo:

  • 1. Antes de confesarte, examina las razones por las cuales quieres hacerlo. ¿Lo haces para poder sentirte aliviada, aun sabiendo que lastimarás a tu pareja? ¿Realmente beneficiará la relación, o sólo a tu conciencia? Si la motivación es puramente egoísta y sólo creará problemas, no digas nada y trata de perdonarte a ti misma.
  • 2. ¿Tuviste un fling con alguien a quien nunca más volviste a ver, que no significó nada y no hay forma de que se entere tu pareja? Tampoco digas nada. ¿Para qué arruinar la relación que sí te interesa, y destruir la confianza que probablemente nunca más puedas volver a construir?
  • 3. Lo mismo cuenta en el caso contrario. Si el affair lo tuviste con un amigo a quien quieres seguir viendo, o con un compañero del trabajo al que no tienes planeado renunciar, confesarte sólo creará una cadena de problemas.
  • 4. ¿Te consta que tu pareja también tuvo un affair, o que está esperando la mínima excusa para hacerlo? No le des el gusto. En cuanto le confieses lo que hiciste, tu pareja aprovechará para confesarse, sabiendo que no podrás recriminárselo. O aún peor, finalmente se animará a invitar a esa compañera de trabajo, que hace meses lo mira con cariño.

Anímate y cuéntaselo:

  • 1. Culpa y paranoia. Si la culpa no te deja dormir, o si sospechas que tu pareja ya lo sabe y está esperando tu confesión, busca un momento indicado y dile la verdad. Existe la posibilidad de que nunca te perdone y que termine la relación, pero al menos no estarás viviendo con la incertidumbre y la culpa.
  • 2. Cuando sabes que se va a enterar de todos modos. Mejor que seas tú quien se lo cuente y no la vecina, o peor aún, la persona con la que tuviste el affair. Si te confiesas a tiempo tienes la oportunidad de embellecer un poco el relato y amortiguar el daño.
  • 3. Cuando el affair es con alguien a quien sigues viendo, y con quien quieres continuar la relación. ¿Qué mejor manera de terminar con tu pareja, que obviamente no te satisface, que contando la verdad?