Dos hermanos, un sueño: Par de Dreamers superan pasado tormentoso

Los hermanos, de solo 15 y 13 años, decidieron emigrar a EEUU para cambiar su suerte

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Dos hermanos, un sueño: Par de Dreamers superan pasado tormentoso

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“Sophy” y “Allen” no pueden contener el llanto al relatar su infancia en un humilde poblado del centro de México, porque les recuerda hambre, abusos, explotación, negligencia y desamor.
“Éramos como esclavos, nunca tuvimos una vida feliz”, cuenta “Sophy”, quien prefiere que la llamen así para no escuchar su nombre oficial, Gabriela Amel Peralta, conectado a su tormentoso pasado.
“Pasamos todos los abusos que un niño puede pasar: psicológico, sexual, mental, espiritual”, explica.
Su hermano menor, René, eligió el nombre de “Allen” para borrar asimismo tanto sufrimiento.
Ellos son dos de ocho hijos de un matrimonio que los obligaba desde pequeños a vender en la calle y atender un puesto de pollos en Chicoloapan, un empobrecido lugar del estado de México.

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Foto: Aurelia Ventura/La Opinión

“El financiamiento de la casa estaba a cargo de los hijos”, afirma “Allen”, quien se recuerda como un niño sucio que siempre tenía el estómago vacío, que enfermaba a menudo y que jamás recibió una caricia de sus padres. “A lo mejor no lo sentían”, comparte con lágrimas.
Sólo para cubrir la explotación los hijos eran enviados a la escuela. “Sophy” y “Allen” cursaban la secundaria cuando su padre biológico falleció y su madre los abandonó a su suerte. Todos quedaron a la deriva y un familiar les ofreció traerlos a Nueva York en 1999. Ella tenía 15 años y él 13.
Pero aquí recibieron un trato similar. Durante cinco años trabajaron sin descanso para solventar sus gastos personales y enviar dinero a los que se quedaron en México. Era impensable ir a la escuela.

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Foto: Aurelia Ventura/La Opinión

“Hasta el punto en que mi hermano y yo dijimos: ‘¡Basta! ¿Esta es la única vida que vamos a tener? ¿Por qué no hemos tenido oportunidades? ¿Por qué no podemos salir adelante?’”, expresó “Sophy”.
No tenían otra opción que aceptar la ayuda ofrecida cinco años atrás -cuando hicieron una escala en California en su viaje a Nueva York- por el hijo de unos conocidos en México. Ese extraño, Roge Fonteyn, les abrió en 2003 las puertas de su casa en el condado de Los Ángeles.
Así los hermanos aprendieron inglés, concluyeron la preparatoria para adultos y se inscribieron primero en un colegio comunitario (Mt. San Antonio) y después en la universidad.
Por primera vez conocieron el amor de un padre, el calor de un hogar y la posibilidad de superarse a través del estudio. “Cuando llegamos aquí fue como si hubiéramos vuelto a nacer”, dice “Sophy”.
El 13 de junio ellos alcanzarán uno de sus sueños. “Sophy”, ahora de 30 años, obtendrá un título de trabajadora social por la Universidad Estatal de California en Los Ángeles (CSULA) y “Allen”, de 28, se graduará como químico por la Universidad de California en Irvine (UCI).
Esto gracias también a la Acción Diferida para Estudiantes (DACA), que aprovecharon en 2014. De hecho, ambos son líderes de alumnos indocumentados o “dreamers” en sus respectivos planteles.
Su próxima meta es crear una fundación que ayude a niños abusados y que lleve el apellido de su padre adoptivo, Fonteyn, un obrero que emigró de México en la década de 1970.
“Lo que pienso es que hay otra ‘Sophy’ esperándome. Hay personas que nos necesitan por eso tenemos que salir adelante”, dice la hermana, quien ya fue aceptada para estudiar una maestría en CSULA.
“Allen” pretende estudiar medicina. “Quiero hacer trabajo comunitario y ayudar a esas personas sin recursos, como yo no los tuve, y darles una oportunidad, como alguien me la dio a mí”, señala.
Los hermanos aseguran en que han superado las adversidades por el apoyo mutuo y el del hombre que el destino puso en su camino. “Nos dio la oportunidad de tener una vida normal”, subraya “Allen”.
Dentro de una bolsa de plástico, en una sala repleta de mapas y libros, están las togas negras que estos hermanos jamás pensaron vestir.
“Puedo reclamar ‘¿por qué mis padres biológicos me abusaron y no me ayudaron?’”, reflexiona “Sophy”. “Pero en vez de tomar todo lo negativo que me pasó yo quiero superarme para ayudar a otros”, dice.

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