PACMAN, ¿QUÉ TAL SI PROBAMOS LA VERDAD?

¡Malditos millones! que pueden corromper hasta a un alma buena como la de Manny  Pacquiao.  Ahora resulta que el legendario guerrero de Filipinas pasó en cuestión de una semana de ser el favorito sentimental de una pelea, que no podía ganar, a convertirse en un mentiroso patológico y en todo caso en un trampozo de fama mundial.

A esta hora seguirán entrando demandas por práctica comercial engañosa mientras la Comision Atlética de Nevada estudia suspenderlo por no haber notificado que estaba lesionado, cuando faltaba un mes para la pelea.

Vamos por partes.

Lo fácil ahora es apuntarle a la cabeza de Pacquiao como si HBO, ShowTime, y los dos promotores no tuvieran velas en el asunto. Cuenta esta historia que cuando se supo de la dolencia de Pacman se la minimizó, porque era imposible pensar en aplazar un mes el combate.

¿Aplazarlo? Ni locos. Había casi 800 canales de televisión de 150 países con publicidad vendida de manera puntual para el 2 de mayo. No para otro día.

Así, que pelea tenía que haber aunque uno de los dos no estuviera en condiciones. Por eso pelearon. Por respeto al dinero y no a la competencia y de pasó se cargaron el ‘fair play comercial’ que consiste en ofrecer un producto, cobrar por él y entregarlo en tan buenas condiciones como lo ofreciste.

Y eso fue lo que no pasó.

Qué actitud más ruin aquello de dejar saber que Pacquiao estaba lesionado, cuando ya había terminado la velada.  Fue cuando nos explicamos porque sólo había lanzado 429 golpes y no 800 como se esperaba.

Fácil, si la gente hubiera sabido que Pacquiao estaba enfermo, y que la pelea ya traía un resultado puesto, no la compran. Se llama trampa y ese pecado capital es de promotores y televisoras y no de Pacquiao, porque el bonachón muchacho filipino, se dejó manipular y le faltó carácter, pero no tiene nada de victimario sino de víctima. La acusación de fraude debe apuntar contra otros.

Podrán suspender su licencia en Nevada y mientras se recupera de la cirugía y hacen la revancha en Las Vegas o en China.

¡Malditos millones!