El derecho a soñar de los jóvenes

Por muchos años he venido soñando que un día me despertaría con la alegría que tuve ese 1 de enero de 1959 cuando Fulgencio Batista se fue de Cuba.
Siempre pensé que mis sueños se harían realidad y sentiría la misma alegría el día en que los hermanos Castro fuesen derrocados y ese gobierno totalitario que tanto dolor ha causado a los cubanos por más de 55 años quedase en el pasado.

Pero cada día que pasa me doy cuenta que mis sueños van desapareciendo. Estados Unidos negocia con la Cuba de los hermanos Castro y le da todo lo que puede bajo la ley. Esta semana misma anunciaron que pronto uno podrá ir a Cuba en ferry – a precios más baratos que por avión y con la posibilidad de llevar mucho más equipaje. Además pronto comenzarán los vuelos directos de Nueva York a La Habana.
Los hermanos Castro bien gracias. Parece que estos dictadores van a morir con las botas puestas y en el poder.
Fidel, el déspota mayor, está mal de salud, pero a cada rato se aparece con algún funcionario extranjero o con cubanos que simbolizan las décadas en el poder de la Revolución. Sí, algún día tiene que morir. Pero, ¿cuándo? Y además: ¿qué importa si todavía hay que soportar a Raúl, por lo menos hasta el 2018?
La pesadilla que vivimos nunca la podría haber soñado o siquiera imaginado.
Raúl dice y repite a los cuatro vientos que en Cuba nada va a cambiar; que el régimen cubano no va a hacer nada que ponga en peligro la revolución para cumplir con los acuerdos del 17 de diciembre que tuvo con Obama.
Por su parte Obama, Washington, y ya una buena parte del exilio ha dicho: ¿Qué importan los derechos humanos en Cuba? Si le regalamos muchas cosas a los cubanos ellos van a cambiar. El dinero y el capitalismo son alicientes para convencer a los cubanos que el régimen no sirve; que hay que cambiar de sistema.
Ahora los que sueñan son los que piensan así.
El gobierno cubano continúa reprimiendo a los disidentes en Cuba hasta la saciedad. No importa a los que les peguen, a los que encarcelen, a los que les hagan actos de repudio. Washington responde con débiles regaños y más regalos. Ellos creen que los dólares de los turistas americanos son muchos más poderosos que los mismos dólares gastados durante décadas por turistas de Canadá, de España; en fin de todo el mundo menos que de Estados Unidos.
Por décadas esos turistas han ido a gastar sus dólares en Cuba, en ver sus playas y gozar de los deleites de sus jineteras y jineteros. Fidel quien decía que iba a acabar con la prostitución en Cuba ahora vive de las caricias que tienen que darle jóvenes cubanos a los turistas extranjeros para poder resolver en una isla en que hay poco o nada, de todo.
Los que negocian con Cuba saben, o por lo menos dicen saber, que en Cuba no se puede hacer ningún negocio con divisas si el gobierno no sirve de intermediario. Los extranjeros pagan por el trabajo de los cubanos y el gobierno se queda con la mayor parte del dinero y le da una limosna equivalente a $20 al mes.
No importa. En juego está el legado del Presidente Barack Obama. El quiere demostrar que puede, sin apoyo del Congreso, cambiar las relaciones entre Washington y La Habana. Y lo está logrando.
Ya conozco de muchos allegados que piensan ir a Cuba. Los hay que van para ver Cuba antes de que los dólares americanos la cambien. Quieren ver esos autos de los años 50 todavía funcionando. Quieren ver las bellezas de La Habana y obviar los barrios en escombros en la misma capital.
Mis sueños comenzaron a desaparecer hace muchos años con el abandono de los Estados Unidos a los invasores de Playa Girón. Después me ilusioné con la crisis de los cohetes, sólo para enterarme años después que soviéticos y americanos había llegado un acuerdo traicionando al pueblo de Cuba.
Mi única esperanza son los disidentes dentro de la isla.
Cada día son más y más osados. Arriesgan su pellejo y libertad cada vez que protestan y así y todo lo hacen con regularidad. Golpean a 10 Damas de Blanco y a 15 miembros de la UNPACU y a la semana siguiente el número de los que salen a la calle a protestar son el doble.
Ellos, lo jóvenes en Cuba son los únicos que tienen derecho a soñar y a ver sus sueños convertirse en realidad. A nosotros sólo nos queda el deber de ayudarlos, sin darles muchos consejos.
Ellos son el futuro de una Cuba mejor. Nosotros el pasado.