La pistola por el pincel, la sangre por la pintura

La historia de Fabián Debora es la de un pandillero de Boyle Heights convertido en artista plástico y que cuenta con una escuela de arte para ayudar a jóvenes a alejarse de las pandillas
La pistola por el pincel, la sangre por la pintura

De morrillo Fabián Debora aprendió los valores familiares de sus abuelos cuando vivía en Ciudad Juárez, Chihuahua.
Sin embargo, cuando en 1980 se mudó de El Paso, Texas, donde nació; a Los Ángeles, California, donde creció, el cambio fue radical.
La honestidad, el respeto, la responsabilidad, el perdón y la generosidad que le habían inculcado se desvanecieron cuando el ejemplo que tenía era de un padre que se la pasaba en la cárcel y sumido en el vicio del crack.
Fabián Debora tenía 5 años en ese entonces y junto con su madre vivía en Boyle Heights, en los proyectos de vivienda pública de Aliso Pico, donde ocho pandillas se disputaban el territorio.
“Ese era mi hogar, las pandillas, la droga y la violencia… me absorbió la aspiradora del barrio”, cuenta Fabián Debora a sus 39 años de edad.
A los 12 años ya estaba metido de lleno en la pandilla debido a ese mundo de desesperanza, por lo que al poco tiempo siguió los pasos de su padre que conducían a prisión.
“De los 12 a los 30 años estuve en el sistema, entrando y saliendo de las cárceles, en total hice 6 años, me querían dar otros 3 años, fue entonces cuando intenté suicidarme”, recuerda con la mirada en su antebrazo izquierdo.
El tatuaje que ahí tiene le cubre la cicatriz de cuando sobrevivió al corte de venas. Se salvó gracias a la pronta intervención de su madre, de quien dice: “nunca me dejó abajo”.
Un segundo intento de suicidio ocurrió en agosto de 2006, cuando decidió correr por la Autopista 5, pero cuando un vehículo estuvo a punto de atropellarlo, recuerda que el cielo se iluminó y un extraño movimiento lo jaló de golpe a la orilla acompañado de un grito que le recordó a sus hijos.
“En ese momento descubrí a Dios, me di cuenta que estaba continuando el ciclo de mi padre y causando daño a mis hijos”.
Fabián Debora cumplió con un programa para dejar las drogas y en la organización Homeboy Industries encontró el apoyo para dejar la pandilla y enfocarse en aquellos valores que de morrillo aprendió de sus abuelos, así como en el talento artístico que había estado desperdiciando.
Hoy en día es un destacado artista plástico de la ciudad y gracias a la colaboración de la organización Latino Productions Action Network (LPAN) dirige una escuela donde enseña el arte de la pintura a jóvenes que buscan una alternativa a la pandilla.
También trabaja para Homeboy Industries como consejero juvenil para dejar las drogas y el alcohol, además de haber viajado por varias partes del mundo para contar su testimonio.
Para Fabián Debora lo importante es ver hacia el futuro porque el pasado ha quedado atrás, se desvanece como la lágrima que en sus tiempos de pandillero se tatuó tras la pérdida de su padre.
“Cuando hay esperanza se logra llegar a un sitio mejor”, dice el pandillero que decidió cambiar la pistola por el pincel y la sangre por la pintura.