“Monseñor Romero, comunista“

Edgar Muñoz escribe el blog "La Huella"
“Monseñor Romero, comunista“
Salvadoreños honran a Monseñor Óscar Arnulfo Romero, en marzo de 2013.

Durante décadas, el proceso de canonización de Monseñor Arnulfo Romero estuvo bloqueado por haber sido considerado comunista y seguidor de la Teología de la Liberación, pero más aún, lo llegaron a calificar de perturbado mental por un ala conservadora del Vaticano que influyó durante los Pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
El Arzobispo Oscar Arnulfo Romero, fue asesinado en plena misa en El Salvador el 24 de marzo de 1980. Estaba consagrando la hostia con los brazos levantados, cuando un hombre le disparó desde la calle con un fusil suizo calibre punto 219. El proyectil lo impactó en el pecho y lo mató en el acto. Romero cayó a los pies del altar. El nombre del asesino se reveló 31 años después del crimen, fue el suboficial de la disuelta Guardia Nacional, Marino Samayor Acosta, quien se desempeñaba como miembro del equipo de seguridad del Presidente y Coronel, Arturo Armando Molina.
“Romero no era un Obispo revolucionario sino un hombre de la Iglesia, del Evangelio y por tanto de los pobres”, afirmo Vincenzo Paglia, quien es el postulador de la causa de beatificación de Romero y que hace referencia a la guerra civil salvadoreña que dejó más de 70 mil muertos, con incontables masacres colectivas.
El mismo Paglia confesó el pasado febrero que Romero sufrió de una brutal campaña de desprestigio. Acusó a la derecha política de El Salvador, a embajadores ante la Santa Sede y a algunos Cardenales que lo acusaban de ser “comunista y desequilibrado”.
Trascendió en la prensa del Vaticano que el proceso de beatificación de Monseñor Romero fue detenido por el Cardenal colombiano, Alfonso López Trujillo, quien muriera en 2008 a raíz de un padecimiento diabético, pero quien llegó a tener mucho poder en los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. El Cardenal Trujillo era el más influyente en América Latina y nadie podía ser siervo, beato o santo de la iglesia sin su bendición, como así ocurrió en el caso de Monseñor Romero.
No hay que olvidar que Monseñor Romero, era de origen conservador, simpatizante del Opus Dei y a pesar de eso se rebeló contra la dictadura salvadoreña y la represión sangrienta de los militares. El Papa Juan Pablo II en una ocasión le reprochó una actitud demasiado rígida con el régimen y poco dura con los guerrilleros. Aunque años después el Papa viajero le rezó en su tumba.
Adentrándose a los periódicos de aquellos tiempos queda claro que Romero se atrevió a gritar cuando sólo por hablar asesinaban. La gente escuchaba las homilías en sus casas a través de la radio. Nadie se perdía detalle de lo que decía y varios testigos coinciden que Romero tomó conciencia luego del asesinato de su amigo el Padre Rutilio Grande.
Durante 25 años, el caso Romero permaneció bloqueado. La Iglesia Católica de El Salvador abrió formalmente el procedimiento y fue hasta este año que el Vaticano lo consideró como mártir de la fe, “in odium fidei”, esto significa que fue acribillado “por odio a la fe”. Monseñor Romero desde este sábado 23 de mayo de 2015 es beato, un paso para ser santo. Para la comunidad salvadoreña Romero ya era un mártir desde su muerte y por eso millones de creyentes le dicen “San Romero de América”.
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