El sabor de Polinesia es un negocio latino

Carmen y Marcos Montalván empezaron un negocio multimillonario por identificar la necesidad de comida tradicional de las islas del Pacifico Sur.
El sabor de Polinesia es un negocio latino
Carmen Montalván, co fundadora de Montalván

Carmen y Marcos Montalván nunca estudiaron administración de empresas ni mercadotecnia pero vieron una oportunidad de negocio cuando se les presentó y actuaron con determinación para hacerla realidad con su empresa, Montalvan Sales.

Hace 30 años, Carmen trabajaba en un banco, y Marcos abría una pequeña tienda en Ontario, California, con la intención de vender comida latina a la comunidad hispana. Todo cambió cuando un día, un hombre de Tonga entró a la tienda y vio una yuca que Montalván tenía en el congelador a la venta.

El hombre la señaló y dijo “comida tongana”. Confundido, Montalván, un inmigrante cubano trató de explicar que este tubérculo es muy usado en la cocina latinoamericana. Pero por más que le explicara, el cliente insistía que lo que estaba a la venta era comida típica de su isla en la Polinesia.

El tongano decidió comprar una caja entera de yuca y después corrió la voz. En una hora, Montalván vendió el resto de sus diez cajas a familias más en la comunidad que vinieron a buscar su “comida tongana” porque cuando alguien sale de su país una siempre trata de recuperar los sabores de la comida de su infancia.

Y así empezó todo.

Al hablar con su esposa Carmen, la pareja identificó la gran necesidad de comida de las islas del Pacifico Sur en la zona, un mercado nicho listo para ser atendido. Y  a partir de esa visión dio los principios pasos Montalvan Sales, que ahora, más de tres décadas después, es una gran empresa de distribución de comida que también hace productos de alimentación y los empaqueta.

“Nos dimos cuenta que ellos, isleños del Sur Pacifico, disfrutan la yuca tanto como nosotros, que somos isleños del caribe”, dice la cubano americana Carmen Montalván. “Y vimos lo mucho que desearon los sabores básicos de su cultura, como la manteca de Nueva Zelanda y una carne en conserva”, explica Montalván.

En aquella época, no era tan fácil encontrar y hacer pedidos de proveedores internacionales. “Solo teníamos el teléfono y una maquina de Fax, pero nadie nos contestaba”, contaba Montalván.

La pareja decidió entonces viajar a Fiji, Samoa, Tonga y Nueva Zelanda para encontrar los productos más populares en la cultura polinesia, según figuraba en una lista que Carmen hizo con los inmigrantes de esta zona, y contactar con los proveedores en persona. Sin dinero para invertir, los Montalván hicieron transacciones con los proveedores que les permitieron pagar cuando llegaron los envíos.

Al regresar de su viaje, la pareja tuvo un mes para recaudar fondos para pagar los pedidos y empezar su negocio. Su primer paso fue conseguir un préstamo de $150,000.

“Uno de nuestros mayores retos fue convencer a los bancos de que una pareja cubana conocía las necesidades de una comunidad de isleños del Sur Pacifico”, recuerda Montalván. “Pero estos $150,000 que al final conseguimos fueron la base para poder crecer esta compañía”.

Empezaron desde el garaje de su casa y crearon su propia etiqueta: Polynesian treasures. “No invertimos en publicidad, pero creamos la demanda por nuestras etiquetas”, cuenta Carmen. Investigaron comunidades polinesianas y contactaron supermercados por todo el país, incluso Hawaii. Poco a poco, la compañía aumentó tanto su linea de productos como su lista de clientes.

Regresando a raíces latinas

“Después de dominar la industria de comida del las Islas del Sur Pacifico, decidimos apostar por los alimentos de nuestra cultura latina”, dice Montalván. Ahora la compañía distribuye productos de países como Costa Rica, El Salvador, y Nicaragua.

Además, la pareja creó una fabrica de carne curada, quesos, y otros productos.

Hoy, Montalvan Sales trabaja desde su sede en Ontario y sus centros de distribución y planta que se encuentran en Los Ángeles y al norte de California. Emplea a un total de 67 personas y el año pasado, la compañía tuvo ingresos de $15 millones. Ahora estan dando un nuevo paso comercial. Siempre habían distribuido a pequeñas tiendas de barrio pero ahora van a poner sus productos en los supermercados más grandes, como Ralphs y Food For Less. Proyectan ganar $500,000 más en ingresos anuales este año. “Antes nunca nos habían llamado de una compañía grande Americana”, explica Montalván con una sonrisa.

Lo único que borra esa sonrisa es la falta de su esposo y compañero a su lado en el negocio desde hace tres años. Marcos sufre de Alzheimer y demencia lo que le impide trabajar. Hoy, Carmen maneja la empresa con sus dos hijas.

“Ojalá pueda ver que todas las metas que tenía para esta compañía se están cumpliendo”, expresa Montalván.

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Secreto empresarial intemporal:

“Nunca acepto un ‘no'”, señala Montalvan. “Si no tengo éxito en algo, estudio un poco más y me pregunto ‘cómo lo puedo hacer mejor'”.