Cómo un Dreamer llegó a Georgetown sin pagar un centavo

Joven "dreamer" se atrevió a soñar; el sueño se hizo realidad
Cómo un Dreamer llegó a Georgetown sin pagar un centavo
Martin Rincon muestra una foto de su graduación de la Universidad Georgetown.

@Alvaradoisa

¿Cómo se estudia en una de las mejores universidades del país si eres indocumentado, no hay asistencia financiera disponible y tus padres no pueden pagar las altísimas colegiaturas?
Martín Rincón, nacido en el Estado de México y criado en la ciudad de Compton, dice que la respuesta es sencilla: atreverse a enviar solicitudes de ingreso a esos institutos de renombre.
Hace cuatro años, él se tuvo confianza y ahora es un orgulloso graduado de la prestigiosa universidad Georgetown, de Washington D.C. Apenas el 15 de mayo vistió de toga y birrete por haber culminado la carrera de sociología y ya lo esperan en una primaria de Houston, en Texas, donde impartirá clases.

Martin Rincón es un "dreamer" que acaba de graduarse de la prestigiosa Universidad Georgetown en Washington D.C.

Martin Rincón es un Dreamer que acaba de graduarse de la prestigiosa Universidad Georgetown en Washington D.C. Foto: Ciro Cesar/La Opinión

 

Oportunidades

“Aunque a veces las oportunidades no son tan grandes o no vienen tan seguido, uno las tiene que buscar”, dice Rincón, de 21 años, en el comedor de su apartamento en el este de Compton.
Al culminar la preparatoria, las aspiraciones de este chico, que de niño cruzó la frontera con una visa de turista que después expiró, eran limitadas. Entonces no se había aprobado la Acción Diferida para Estudiantes Indocumentados (DACA) y las universidades estatales le negaban sus becas.
Sus padres, un guardia de seguridad y una obrera, no podían pagar una colegiatura sin ayuda.

En lugar de aceptar tantas barreras, Rincón investigó qué instituciones privadas ofrecían asistencia financiera y envió varias solicitudes de ingreso. Jamás imaginó que Georgetown le ofrecería una beca de 67,000 dólares anuales precisamente por el bajo ingreso de su familia (menos de 60,000 dólares anuales).
En cuatro años, el plantel le financió casi 270,000 dólares, incluyendo vivienda y algunos libros.
“No habría podido pagar ni un centavo de eso”, expresa el joven, quien sueña con estudiar una maestría y un doctorado, e impulsar los anhelos académicos en su empobrecida comunidad. En Compton, que ha sido su hogar desde la infancia, el rendimiento escolar aún debe recorrer un largo trecho.
Cuando estudiaba en la capital del país, él aplicó para DACA, algo que le permitió ejercer su profesión. “Ya no tengo esa presión de si me van a deportar, puedo obtener una licencia de manejo, sacar una tarjeta de crédito, comprar un carro, cosas que no podía hacer antes”, comentó.
Los logros de Rincón se valoran más cuando él cuenta que ser indocumentado le negó oportunidades.
En un ensayo que redactó como parte de la solicitud de ingreso que mandó a Georgetown hace cuatro años, Rincón detalló cuando siendo niño se enteró por primera vez que no tenía “papeles”.
“Encontré una tarjeta de mi mamá que decía ‘resident alien’ y no sabía qué significaba y pensé que mi mamá era un extraterrestre”, relató con una sonrisa.

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