A toda vela se hacen a la mar

Organización no lucrativa lleva a menores de los barrios pobres de Los Ángeles a navegar por el puerto
A toda vela se hacen a la mar
Una estudiante de la escuela Rowan ayuda a la capitana a navegar el barco.

Emocionados y ansiosos, 70 niños de quinto grado de la escuela elemental Rowan del Este de Los Ángeles abordaron dos idénticos veleros en el Puerto de San Pedro esta semana. No imaginaban que tras ese viaje de cinco horas rodeados por el Océano Pacífico, regresarían con más confianza en sí mismos.

“Estos son niños de bajos recursos, de entre 10 y 11 años, que vienen a aprender experiencias nuevas y que esperamos salgan con más interés para superarse”, dijo María Elena Hernández, coordinadora de la escuela Rowan mientras esperaba con los menores para abordar las fragatas Irving y Exy Johnson.

En los años 30s y 50s, los Johnson llevaron a grupos de jóvenes a navegar el mundo en siete ocasiones. En honor a ellos, estos dos buques de vela llevan su nombre. Inspirados en esta experiencia, el Instituto Marítimo de Los Ángeles creó el programa para jóvenes denominado “Topsail” que desde hace 23 años lleva a muchachos de los barrios pobres de Los Ángeles a navegar, introduciéndolos a la vida marítima.

“Es difícil de creer que aún cuando estos niños viven en Los Ángeles, muchos a diez millas del puerto, nunca han estado en el océano, y a bordo de una fragata que cuesta 7 millones de dólares”, dijo Joleen D’Rage, portavoz del Instituto Marítimo de Los Ángeles.

Explicó que el programa está diseñado para estudiantes de la escuela intermedia y secundaria que están en riesgo de abandonar la escuela, involucrarse en pandillas o el consumo de drogas. El año pasado lo abrieron para alumnos de las escuelas elementales, la Rowen fue una de las primeras.

Los estudiantes de la escuela Rowan ayudan a izar la vela de uno de los barcos.
Los estudiantes de la escuela Rowan ayudan a izar la vela de uno de los barcos.

A navegar

Abordo de una de las fragatas, en el Irving Johnson, los alumnos de la escuela Rowen fueron recibidos por la capitana Jill Hughes quien les explicó las reglas de seguridad para evitar accidentes y mareos. Sus ayudantes y algunos voluntarios los llevaron a un recorrido por la embarcación de diez metros de largo.

Los menores se dividieron en equipos para jalar las cuerdas e izar las velas. En el cuarto de navegación aprendieron a trazar mapas y usar el compás.

Todos a ayudar a izar la velas del barco.
Todos ayudan a izar la velas del barco.

El momento de diversión vino cuando se montaron en la proa, la parte delantera de la nave. Algunos lograron vencer sus miedos y se aventuraron a vivir la experiencia caminado sobre una malla y retenidos por un arnés que los protegía de una caída en el mar.

Otros quedaron cautivados con los leones marinos que encontraron en plena siesta sobre una boya. Algunos se divertían al hacer nudos marinos con las cuerdas de las velas.

La capitana Hughes les enseñó a conducir el timón, y hasta les dio oportunidad de controlar la nave, bajo sus instrucciones.

“Los niños aprenden un poco de navegación, de la física que hay detrás de navegar, y se enfrentan a desafíos que normalmente no tienen en el salón de clases como por ejemplo cuando jalan en grupo las cuerdas para izar las velas. En estos dos años que llevo como capitana, he visto que se van con más confianza, muy impresionados de lo que han logrado hacer, como llevar el timón del barco”, contó la capitana.

Incluso dijo que algunos se inspiran en ella y el equipo de trabajadores para considerar la navegación como una opción profesional, y hasta se unen al programa como voluntarios.

Marilyn Ibaez de la escuela Rowan disfruta el viento mientras camina sobre la proa del barco.
Marilyn Ibaez de la escuela Rowan disfruta el viento mientras camina sobre la proa del barco.

Se divierten y aprenden
Ashley García, estudiante la Rowen, dijo que se divirtió mucho.

“Estaba nerviosa y me dio temblorina al principio, pero pude superarlo y fue muy divertido. Me gustó conocer el bote por dentro, ver cómo viven, cómo duermen; y ver cómo viajaban en el pasado y aprendí hacer los nudos”, comentó.

Laksmi Aguilar, otra de las alumnas, dijo que no se imaginaba cómo era el barco.

“Me ha gustado mucho todo, más cuando jalamos las cuerdas para izar las velas. Quiero estudiar arte y me gustaría tomar fotos de estos barcos”, expresó la menor.

Al final del recorrido, los chicos regresaron a sus casas, todos emocionados por el día que pasaron en el mar, pero ojalá también con una nueva visión del mundo, una que no tenga límites, como no los hay en medio del océano.

Hailey Moreno ayuda a navegar el velero.
Hailey Moreno ayuda a navegar el velero.