Arrancones legales: Fast and Furious en Irwindale Speedway (fotos)

Posible cierre de autódromo en Irwindale podría provocar más carreras callejeras ilegales
Arrancones legales: Fast and Furious en Irwindale Speedway (fotos)

Huele a llanta quemada y adrenalina en esta pista de carreras en Irwindale, un suburbio al este de Los Ángeles, donde solo hay espacio para autos con motores poderosos y amantes de la velocidad.
José Pérez, de 31 años, trajo un Acura Integra con la carrocería golpeada por los años, aunque reforzado con una potente máquina. Esta vez le tocó competir con un coche de modelo reciente.
Él y el otro corredor esperan la luz verde de un semáforo. Los motores rugen hasta ensordecer desde el arranque. No le pesa la edad al Integra, que acelera a 71 millas por hora en unos segundos. Dejaría atrás a cualquiera en la carretera, pero aquí cierra en un deshonroso segundo lugar.
“Está muy lento”, dice Pérez sobre el carro en el que ha gastado $500. “Ocupa un motor como el que traen ellos; le meten mil, dos mil, tres mil dólares”, agrega señalando los deportivos que lo rodean.

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José Pérez, de 31 años maneja su Acura en el autódromo de Irwindale. /Aurelia Ventura

Pérez conoce los dos lados de los “arrancones” en Los Ángeles: los regulados de Irwindale, que se realizan cada jueves, y los ilegales, que irrumpen por las noches en cualquier lugar sin patrullaje.
La diferencia entre ambos, cuenta, es enorme. “Aquí vienes, pagas y es legal. Aquí si chocas no te ‘la hacen de tos’ [te metes en problemas] como en la calle. Allá chocas y te arrestan”, explica.
Su vehículo imita a los de la serie NASCAR: los cinturones de seguridad son dobles, el volante es pequeño y le colocó barras de metal para reforzar la estructura. En éste participa “cuando se puede” en arrancones ilegales planeados a través de las redes sociales. Nunca lo ha detenido la Policía, asegura.
Él prefiere acelerar en este autódromo que, no obstante, será derribado en 2016. En este lote de 63 acres, que se localiza a un costado de la carretera 605 y al sur de la 210, se construirá un centro comercial abierto.
“Si quieren que corramos en la calle, pues vamos a correr en la calle”, advierte.

Posible cierre

Los administradores del complejo que abrió en 1999, se formulan esta pregunta: ¿A dónde irán los 250 fanáticos de la velocidad, la mayoría latinos, que se reúnen aquí cada semana?
“Muchos de estos chicos van a hacer algo más con estos carros si no tienen un lugar como éste”, indica Doug Stokes, vocero del Irwindale Speedway, el único lugar en Los Ángeles que por un pago de $20 permite que cualquier coche -comercial o alterado- se maneje a toda potencia en su pista.

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Jesús Sánchez, de 23 años, conduce un veloz Honda Civic que vence a la mayoría de sus retadores. “Me gusta la adrenalina”, dice quien planea ir al autódromo de Fontana cuando clausuren éste.
La noticia del cierre coincide con la fiebre por los coches rápidos que al parecer reavivó la última película Fast & Furious 7, la más taquillera de la temporada. La prueba fue el reciente operativo policiaco en el Sur de Los Ángeles que concluyó con más de 200 citaciones y 44 arrestos por “arrancones” callejeros.

Rafael Santos, de la División de Tránsito en el Valle de la Policía de Los Ángeles (LAPD) indica que en esa zona las competencias ilegales ocurren en cualquier lugar y hora. En esa corporación hay una unidad especial para detectar a estos infractores, que llegan incluso a desafiar a los agentes.

Santos cuenta que en ocasiones motociclistas hacen acrobacias frente a las patrullas, mientras otros les bloquean el paso. Luego huyen a toda velocidad y en distintas direcciones. “Identificamos a uno de los que nos bloqueaba una noche y después supimos que había muerto en un accidente por manejar a alta velocidad”, dijo.
En el Irwindale Speedway, en tanto, las reglas son estrictas: se verifica la información de los choferes, su atuendo (deben vestir pantalón y calzado cerrado) y las condiciones mecánicas de sus carros. A los conductores de vehículos potentes les exigen licencia profesional y portar casco y traje especial.
“Aquí tenemos seguridad por incendios, si algo pasa se atiende a la gente; en la calle no hay nadie, los bomberos llegan hasta que llaman al 911”, señala Bernie Escalera, un acomodador de autos.
Hay algo más que ocurre aquí y falta en las calles, dice Stokes. “La gente les dice ‘¡qué bonito carro!’, los saluda, pero si estás en un lugar extraño en la madrugada y la Policía se aproxima, todos huyen”.

Mujeres también disfrutan la velocidad

A Vicky Jochimsen, de 24 años, le gusta pisar a fondo el acelerador de su deportivo rojo.
“Me emociona mucho, es increíble”, dice esta joven que recién había concluido una carrera en el Irwindale Speedway. Se midió con otro coche de modelo similar que era conducido por un hombre y perdió por sólo dos décimas de segundo.

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Vicky Jochimsen, de 24 años.

“Está bien, vamos a competir de nuevo y le voy a ganar esta vez”, comenta con una sonrisa.
Vicky corre en todos lados: en esta pista, en el autódromo de Fontana y sugiere que también en “arrancones” esporádicos.
“Me espanta esa pregunta”, comenta al ser cuestionada sobre si participa en carreras ilegales. “No quiero que la Policía venga por mí así que lo dejamos así”, responde soltando una carcajada.
Ella ha sido citada en varias ocasiones por manejar a exceso de velocidad. “Por eso tengo que seguir corriendo sólo en esta pista”, menciona quien fundó un club de mujeres que les gusta la velocidad.
A unos pasos, en un Camaro rojo, Alyson Woods, de 18 años, espera su turno. “Me gusta correr, no lo puedo explicar, es adrenalina”, dice la jovencita cuyo deportivo tiene llantas lisas, especiales para esta competencia.
Portando una camiseta que dice “She Devil (La Diabla)”, Vicky comenta que pocas mujeres aman el mundo del automovilismo. A ella le gusta tanto que prefiere los coches de transmisión manual.
“Disfruto sentir el coche”, explica.