Creatividad para la habitación de los niños

El argentino Roberto Gil es el creador de Casa kids, una empresa especializada en muebles de diseño para los más jóvenes
Creatividad para la habitación de los niños
Roberto Gil fundador y creador de Casa Kids./Gerardo Romo

“Me encanta lo que hago. Es muy gratificante, parte de este trabajo no se siente como tal, es diversión”. Es algo que Roberto Gil casi no necesita decir porque lo transmite al hablar con entusiasmo de su experiencia como empresario. Gil trabaja en un pintoresco edificio de Red Hook (Brooklyn) en el que tiene su despacho, estudio y un pulcro taller en el que no cesa el ruido de la maquinaria. En este hay seis personas que están midiendo, cortando madera, lijando, y montando los muebles que diseña este arquitecto bonaerense de 57 años.

Es el taller de Casa Kids, una empresa que desde los años noventa está especializada en habitaciones, camas literas y modulares para niños. Sus creaciones hacen que compartir la habitación entre hermanos sea una propuesta muy atractiva.

Gil vende directamente a los clientes, no a tiendas y aunque la mayor parte de ellos están en Nueva York también ha llevado su firma a casas en Los Ángeles, Miami, Chicago, San Francisco y Boston.

Su pasión por los muebles viene de sus años en la escuela de arquitectura (en Argentina y luego en Harvard) donde le enseñaron a cortar madera con máquinas para hacer maquetas. “Hice muebles para mi apartamento”, explica. Una de las cosas que hizo fue un asiento para pintar “un banquito que una amiga me dijo que era muy bonito para niños y de ahí surgió la idea de llevarlo a una tienda a SoHo para ver si gustaba”. Y gustó, lo colocaron en el escaparate y salió en una foto publicada en la sección de hogar de The New York Times. “Eso me entusiasmó”.

Roberto Gil en el taller de Casa Kids en Red Hook, Brooklyn./Gerardo Romo
Roberto Gil en el taller de Casa Kids en Red Hook, Brooklyn./Gerardo Romo

Le encargaron hacer más y tuvo que fabricarlos él mismo en su apartamento porque no encontró a nadie que lo hiciera por un precio que le permitiera venderlo barato. “No tenía plan de negocio, no tenía ni idea”, dice riéndose Gil al hablar de cómo establecer precios.

Entonces no abundaban ofertas de trabajo para arquitectos y Gil se volcó en los muebles. Aprovechaba que apenas vivía nadie en el edificio de su apartamento para poner la sierra a funcionar a las cinco de la tarde y hasta la madrugada para hacer bancos y sillas. De la tienda de SoHo le llegó un pedido para hacer 40 sillas y 10 mesas para Japón “y tuve que ocupar los pasillos del edificio”, recuerda . “Tuve suerte pero también vendía barato. Yo sabia que tenía que entrar con un precio muy bueno para poder empezar”. No era un buen negocio pero le puso en el mapa.

Siguió haciendo muebles para niños en Tribeca, donde se mudó, y donde la gente podía entrar en su estudio, curiosear y comprar. “No hacía plata con ello pero hacía otros trabajos por encargo como mesas, armarios, trabajo que me llegaba por parte de arquitectos a precios más altos y eso subsidiaba lo que me gustaba hacer”. Gil también trabajó para algunos restaurantes y en un taller en Dumbo, un barrio de Brooklyn del que luego se mudó a su actual localización en Red Hook donde lleva años especializado en habitaciones para niños. Sus clientes son profesionales y empleados de Wall Street, entre otros.

Al repasar su vida como empresario dice que no tuvo muchas opciones porque en arquitectura no había mucho trabajo y cuando lo hubo ya se había implicado en la fabricación de muebles, “me iba relativamente bien y tenía órdenes”. Además se encontraba cómodo con ello porque en su familia todos han trabajado de forma independiente. Parte del dinero para empezar se lo prestó su madre y parte era suyo. Eso si, las cosas no han sido siempre fáciles. “Han sido 20 años y tres recesiones”, recuerda, “casi quiebro en dos ocasiones, en 2008 no tuve nada de trabajo durante meses, seguí pagando a los empleados durante tiempo y acumulé una fuerte deuda”. Gil dice que la crisis le ha enseñado que tiene que rebajar costos antes si las cosas vienen mal, que tiene que diversificarse y que si le hubiera pasado con más edad, el estrés habría acabado con él. Ahora que el negocio se ha recuperado y lleva años con ganancias lo cuenta con media sonrisa pero deja entrever la presión de entonces.

Sus planes pasan por expandirse internacionalmente, tener producción en Latinoamérica y Europa. Recientemente ha visitado fábricas en México donde producir para vender no solo en este país sino también en EEUU a precios más baratos que los actuales. Gil dice que tiene que fabricar más barato para atender a un mercado a precios más baratos que otros están aprovechando con diseños suyos o muy parecidos. “No hay manera de protegerme de las copias más que haciéndolo yo”.

Estrategia digital

Roberto Gil se formó como empresario con la práctica y con varios cursos. Lo que también estudió es estrategia digital. Al vender directamente a los clientes muchos de ellos le dijeron que le habían encontrado en Internet aunque no siempre era fácil porque su cuidada página no aparecía entre las primeras de las búsquedas de Google. Gil entonces hizo un curso de SEO, mantiene una página web con contenido original que le permite tener una fuerte y muy  prominente presencia online. Gracias a eso y los AdWords de Google llegar a más clientes. No lo duda. “La estrategia digital es clave”.