Fútbol en el hipódromo de Belmont Park

Cuando los caballos descansan, los trabajadores del hipódromo patean la pelota
Fútbol en el hipódromo de Belmont Park
Trabajadores del hipódromo juegan al fútbol luego de que han puesto a los caballos a descansar.

La gente de mantenimiento revisa los cubos de basura por última vez antes de terminar su jornada de trabajo en Belmont Park, donde las gradas y las ventanillas de apuestas sólo guardan los ecos de la gente que vació el lugar apenas terminó la última carrera del día.

Al otro lado de las instalaciones, aprovechando que el sol regala más horas de luz por estas fechas, la gente que trabaja en las cuadrillas de los establos se reúne en un llano en medio de la pista secundaria del hipódromo para jugar fútbol y comer chicharrones, papas, elotes, y mangos con limón y chile.

“Estamos muy contentas hoy porque se nos terminó todo. Ni una papa quedó”, dijo Delia Amezcua, que junto a Silvia Sánchez y Elizabeth Amezcua, despachan las botanas desde una mesa a un costado de la cancha. “Lo que vendemos cuesta entre dos y tres dólares, según lo que pida la persona”.

Y lo que pida esa persona es para comer mientras se sienta a ver los partidos de la liga de fútbol de trabajadores del hipódromo, en su mayoría migrantes latinos.

“Hay mucha gente de Michoacán (México), Perú, Chile, Guatemala, hasta algunos morenitos y güeritos americanos vienen a jugar y a comer aquí”, añadió doña Delia. “A ellos ya les enseñamos a comer chile”.

Con estas horas de fútbol los trabajadores del hipódromo se olvidan, acaso por un momento, de las jornadas de trabajo que comienzan tan temprano como las 4 a.m., cuando arranca el acondicionamiento de los caballos.

“Somos de rancherías en México y crecimos entre caballos, pero siempre hemos tenido la pasión por el fútbol y por eso lo jugamos después del trabajo”, apuntó Gerardo Peña, capitán del equipo Romero de Torres y capataz de cuadrilla con 29 años de experiencia en hipódromos de Estados Unidos. “Este deporte nos acerca a nuestras raíces porque todos lo jugamos cuando éramos niños”.

El campeonato es patrocinado por Belmont Park, que paga por los arbitrajes, las camisetas y las medallas y premios para los ganadores. La competencia cuenta con siete equipos que dirimen el título jugando todos contra todos durante dos meses, tiempo que dura la temporada hípica en esta pista a las afueras de la ciudad de Nueva York.

“Muchos de nosotros seguimos a los caballos a los diferentes lugares en que corren”, explicó Peña. “En dos semanas se termina todo aquí y nosotros nos vamos para Saratoga (Saratoga Springs al norte de Albany)”.

Pero hasta que ese día llegue, la pelota seguirá rodando en Belmont Park.