Tendederos

En los tendederos de ropa uno mismo se saca y seca los trapos al sol. El tendedero es como un memo que nos enviamos a nuestra hoja debida.
Los modernos funcionan más hacia adentro que hacia fuera. Lo impone la dictadura del reglamento de propiedad horizontal. Una aireada pública de eróticos cucos (ropa íntima femenina) puede costarle obesa multa a su propietaria. O al dueño de unos prosaicos calzoncillos.
La secadora acabó con la arcaica y pragmática forma de ahorrar energía. Quien no haya tendido la ropa al sol que tire los primeros chiros. Dime que tendederos tienes y te diré la dimensión de tu saldo bancario.
Los que vivimos apiñados en nuestras colmenas, como anoréxicos cigarrillos, aprovechamos que el sol aparece por alguna rendija y volamos allí con nuestros trapitos.
El primer electrodoméstico de pared conocido es el sol. En este sentido es enemigo personal de las empresas generadoras de energía pues no permite que la secadora haga su oficio.
El tendedero es como el clóset de par en par. Sin confirmar sí lo digo: Cuando vemos un tendedero los hombres nos quedamos monitoreando la ropa íntima de la dueña de casa. O de su prole. Es como un tic, una fijación. Mejor dicho, degeneración del oficio de varón domado.
La ropa expuesta nos alborota el jurásico oficio de mirones. Un trapo expuesto nos hace reencarnar en Don Abundio, el viejito verde de las tiras cómicas.
Me parece ver a Adán, fiel por forzosa sustracción de oferta femenina, espiando las hojas de parra tendidas al sol con las que mamá Eva cubría los encantos contenidos en su metro cuarenta centímetros de estatura. El hombre que le puso nombre a las cosas juntaba ganas para cuando cayera la hoja de parra en la noche del Paraíso. Gracias a esas hojas que caían hoy somos más de siete mil millones de bípedos…
En la ropa puesta al sol se adivina sin dificultad el ingreso “per cráneo” doméstico. Cómo es la gente en su intimidad está dicho allí como una Biblia abierta en el salmo 91.
Son célebres los tendederos de ropa de La Habana. La capital del sabor es un tendedero de ropa con malecón, y con una revolución en retirada que ha hecho una tímida primaria capitalista a través de los famosos paladares (=restaurantes), auténticos guantánamos gastronómicos.
El transporte por cable tiene un encanto adicional: desde el aire permite ver las intimidades expuestas al sol. Es lícito imaginarse que esas ropas que se secan pertenecen a la mujer de nuestros sueños eróticos.
Por ejemplo, Irina la ex mujer del portugués Ronaldo, del Real Madrid, quien reconoció que se había enamorado del hombre equivocado. La hacía sentir fea como la sota de bastos. Y colgó a CR7 del tendedero del olvido. Ya hizo empalme con otro fulano. A rey muerto…
Resumiendo: en la ropa tendida está escrita la biografía de toda la casa. Veo a los paleontólogos dentro de mil años chorreando la baba y traduciendo la información cifrada que hay en un brasier que se seca al sol como un “pájaro bobo”.