La transparencia es lo principal

Los obispos católicos que protegieron a los sacerdotes pedófilos y fallaron en impedir que estos abusen de los niños son cómplices de un delito. No es correcto que esta peligrosa negligencia quede impune. En este sentido, el Vaticano dio ayer un paso positivo al asumir la responsabilidad de evaluar y castigar a los líderes que no se portan de acuerdo a su jerarquía.

El Papa Francisco denunció desde el primer día el problema de abuso infantil en la Iglesia. La designación del Sumo Pontífice argentino significó un giro, iniciado con el Papa Benedicto XVI, con respecto de la actitud pasiva asumida por el Vaticano durante el reinado de Juan Pablo II.

 

El establecimiento de un nuevo proceso interno que conduce a una temida y adaptada Congregación de la Fe, ahora con una nueva Sección Judicial, tiene el fin de analizar la actuación de los religiosos y, llegado el caso, disciplinarlos. Este enfoque al gigantesco problema de abuso infantil refleja la firme actitud del Papa Francisco de cero tolerancia ante el abuso infantil por parte de los religiosos y mantiene la costumbre de lidiar internamente con ellos.

 

Si bien esta es una acción positiva, no quita las dudas de que el Vaticano sea tan firme como se espera que sea. La designación del obispo Juan Barros Madrid a la Diócesis de Osorno, Chile, despertó muchas críticas por su cercanía a casos de abusos sexuales cometidos por otro religioso. La misma sorpresa causó el caso del Cardenal Keith O’Brien de Gran Bretaña y su renuncia por supuestas impropiedades sexuales, quien perdió su derechos y privilegios de cardenal, pero todavía es un sacerdote y un obispo en retiro.

 

Este trato especial  refuerza el argumento de que sacerdotes y obispos ligados de alguna manera al delito de abuso sexual infantil deberían enfrentar la justicia criminal local en vez de pasar a una jurisdicción religiosa que lo castigará a su manera.

 

Este nuevo sistema puede ayudar a recuperar la imagen de la iglesia si es transparente, porque debe eliminar la percepción de encubrimiento, de ser una manera para eludir la justicia local. De lo contrario, la decepción será mayor.