Manipulación de una tragedia

Cada vez que una persona armada causa una matanza es una ocasión para hablar de la descabellada política sobre las armas de fuego que combina discutibles interpretaciones legales, con el poderoso cabildeo de la industria y una fascinación popular que en 2015 y hasta el día de hoy costó más de 5,800 vida y dejó más de 11,500 heridos en Estados Unidos.

La tragedia de Charleston no es una excepción. El presidente Obama habló del tema ante una reunión nacional de alcaldes, que ven en las calles y los hogares de sus ciudades el estrago de las armas de fuego. Allí, el horror ante la masacre fue seguido por la impotencia de no poder hacer nada para controlar las armas de fuego.

Los intentos de una mejor supervisión sobre las armas fracasaron ante la matanza de niños en la escuela Sandy Hooks, a pesar del respaldo popular que tuvieron en su momento. Por eso es difícil pensar que el asesinato racista contra nueve afroamericanos en una iglesia vaya cambiar las leyes.

Esta resignación no significa aceptar las barbaridades que se han dicho sobre el tema para llevarse el agua a su molino. Por ejemplo, la inmensa mayoría de los precandidatos republicanos -para no ofender a sus votantes- prefirieron hablar de libertad religiosa que de racismo y alguno hasta de drogas,  aunque el odio racial esté por todos lados en este crimen.

En cuanto a las armas hay un argumento que destruye todo sentido común. Este dice que el problema no es que hay demasiadas armas, sino muy pocas, ya que si el pastor y los fieles en la iglesia hubieran estado armados, se hubiera frenado a Dylann Roof.

Este tipo de argumentos disparatados para eludir responsabilidades es demasiado conocido.  Por ejemplo, el problema de que no haya una reforma migratoria es la acción ejecutiva del presidente en vez de la incapacidad de la Cámara de Representantes; o si los jueces eliminan los subsidios del Obamacare, la culpa que haya personas que pierdan la cobertura es por lo malo de la reforma de salud y no de quienes la boicotean y la llevan ante los tribunales.

La falta de sinceridad y la descarada manipulación conveniente de esta tragedia muestra una falta de liderazgo y de cobardía que insulta la memoria de las víctimas.