Las maras y el Estado, una nueva guerra

La tasa de homicidios va en aumento solo en junio 24 personas han sido asesinadas

San Salvador
En El Salvador, pequeño país centroamericano de apenas 13,000 millas cuadradas y de seis millones de habitantes, se ha desatado una nueva guerra; en esta ocasión no se trata de un enfrentamiento político-ideológico, sino entre el Estado y las pandillas o “maras”, concepto en el que coinciden diversos analistas y políticos locales.

La violencia llegó a tal grado que el Departamento de Estado de Estados Unidos renovó una “alerta” para todos sus ciudadanos en el sentido de advertir a sus ciudadanos del peligro de viajar a El Salvador, donde desde el 2010 han sido asesinados 34 estadounidenses y la justicia poco funciona por la vigencia de la impunidad, según el comunicado de Washington.

Muestras de la actual guerra son las acciones que a diario se registran: ataques y emboscadas a patrullas y puestos policiales, asesinatos de policías y de soldados, así como de vigilantes de penales; agentes metropolitanos y miembros de la seguridad privada. Los ataques a puestos fijos de la policía o del ejército, no se limitan a tiroteos, sino también a lanzamiento de granadas de fragmentación casera.

De acuerdo al analista en Derechos Humanos, Benjamín Cuellar, en El Salvador tienen lugar tres tipos de guerras: una en contra de las “maras”; otra entre las “maras” y también está la de las “maras” en contra de la sociedad. “Todas estas guerras se fortalecen a diario gracias a la impunidad vigente en El Salvador, de manera histórica”, apuntó.

“Las pandillas están replicando acciones que usan las guerrillas; son ataques de sorpresa para causar más daño”, aseguró un fiscal que no quiso identificarse mientras realizaba la investigación de un asesinato.

El mismo funcionario consideró que “quizás a estos pandilleros los están entrenando personas que estuvieron en la guerra civil”; el conflicto armado se prolongó de 1980 a 1992, con un costo de 70,000 muertos, 8,000 desaparecidos y más de un millón de desplazados.

En lo que va de año han sido asesinados 28 policías y 13 soldados, en ataques directos, emboscadas o ejecutados después de detenidos.

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La criminalidad cobra vidas a diario. Solo en el junio han muerto 24 personas y en mayo el promedio fue de 22 homicidios graves. La tasa de homicidios en 2014 fue de 69 por cada 100,000 habitantes; en 2015 podría elevarse a más de 80 por cada 100,000 habitantes.

El diputado Antonio Almendáriz, un exmilitar de carrera, consideró que los grupos criminales están respondiendo con más violencia, por lo que se deben implementar medidas especiales como sacar a los soldados a realizar tareas de seguridad sin el acompañamiento de la Policía Nacional Civil (PNC).

“La ola de delincuencia está tomando otras acciones. Yo sigo creyendo que lo que le falta al país es tomar decisiones como la suspensión de garantías constitucionales o estados de sitio localizados”, exigió el también diputado Guillermo Gallegos, quien enfatizó que el actuar de las pandillas es al estilo de las exguerrillas, pero “con distintos objetivos”.

Los que huyen de la nueva guerra

El fenómeno que se dio en la guerra civil de desplazados de guerra, se estima que la cifra fue de un millón de refugiados en países vecinos o exiliados en México y Estados Unidos, se está repitiendo en la actualidad.

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El periódico local El Diario de Hoy indicó que al tratar de ubicar a los familiares de 58 personas asesinadas en cinco municipios, solo se encontraron viviendas abandonadas, desmanteladas, con sus animales domésticos hambrientos y sus huertos totalmente descuidados.

Jeannette Aguilar, del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP), el fenómeno de los desplazamientos no es solo de El Salvador, sino también de Guatemala y Honduras, donde el pandillerismo y el narcotráfico son también fenómenos que agobian a sus sociedades y mantienen al llamado Triángulo del Norte de Centroamérica como una de las zonas más letales del mundo, de acuerdo a Naciones Unidas (ONU).