El amor de una madre

No hay mayor recompensa al sacrificio de los padres que el éxito de sus hijos

Guía de Regalos

El amor de una madre
Sergio C. García con su madre Albertina García.

Este fin de semana tuve la bendición de inspirar a cientos de jóvenes que se graduaban de la Universidad de California en Los Ángeles mejor conocida como UCLA. Al entrar a aquel estadio de basquetbol, el cual había sido transformado para la ocasión, yo sentí algo muy especial. Sentí un orgullo que no había tenido la oportunidad de sentir. Yo nunca me gradué de una universidad de cuatro años, siendo indocumentado, ese fue un lujo que simplemente no pude darme.

Tal vez fue por eso que yo sentí tanta alegría de estar ahí. El ambiente era de entusiasmo, un orgullo y un regocijo inmenso de parte de todos los presentes. A mí me habían invitado a dar el discurso oficial, lo que para mí era una gran bendición. A pesar que mis anfitriones tenían dudas respecto a que yo nunca escribo un discurso antes de darlo, creo que todo resultó, justo como debía ser.
Les platiqué un poco de mi vida a los jóvenes graduados y me sentí por un segundo un Juan Salvador Gaviota motivando a futuros voladores, quienes estoy seguro llegarán más alto que un servidor. Fue un momento muy especial, tanto para mí como para los padres presentes. Qué orgullo ver a sus hijos graduados y qué mayor recompensa a su sacrificio que el éxito de sus hijos.
Al termino de mi discurso, les recordé a los jóvenes que no están solos y que primeramente Dios, el día primero del año próximo podrán pedir sus licencias profesionales bajo la ley SB1159, sin importar que sean indocumentados. La buena noticia trajo a todos los graduados de pie y su ovación fue la mayor recompensa a todo el esfuerzo que yo he hecho en mi vida. Compartimos fuertes apretones de manos con algunos de los graduados a manera de felicitación mutua y les recordé que sigo con ellos, y que cada jueves a las 6:00 p.m. tengo mi programa Portal a través de Azteca América, llevándoles información útil para ellos. También les mencioné que si les gustaba leer en español, podían hacerlo a través de este bello medio, La Opinión en su portal www.laopinion.com o comprando el periódico.
Todo era alegría, mucha gente me felicitó por mi discurso, algunas personas también me pidieron posar para una foto. Yo, como siempre, estuve feliz de hacerlo. Pero cual sería mi sorpresa que justo antes de partir, una señora se acercó a mí para pedirme que posara para una foto. Le pregunté que si su hijo se había graduado esa noche. Con lágrimas en los ojos, me comentó que no, que su hijo ya estaba en el cielo, que se hubiera graduando esa noche, pero que Dios se lo había llevado antes. Me dijo que por eso ella estaba ahí; y a menudo iba a la universidad porque es el lugar donde ella se siente más cercana a su hijo. Ese, es el amor de una madre.

Sergio C. Garcia es el primer abogado indocumentado que fue autorizado a ejercer aún sin papeles en este país. Es escritor, empresario y motivador.