Con las manos vacías

La selección de Argentina suma una decepción más a su palmarés
Con las manos vacías
Lionel Messi se muestra cabizbajo una vez terminada la tanda de los penaltis en el Estadio Nacional. /EFE

SANTIAGO

Miran con los brazos cruzados, sin querer estar allí. Es una fiesta ajena, a la que fueron invitados como espectadores.

Enojados, con bronca, tristeza y el dolor de haber dejado pasar una nueva final, otra oportunidad, al igual que sucedió hace un año en Brasil.

Ayer, el escenario fue distinto, pero el resultado es el mismo.

La selección extiende la sequía de 22 años sin títulos, que parece no acabar jamás.

Un plantel de lujo, que una vez más se fue con las manos vacías.

El partido de Argentina no fue bueno, de principio a fin. Esperó, se cuidó demasiado y se olvidó de jugar.

Lionel Messi, ese héroe del que siempre se espera una pincelada más, jugó su encuentro más flojo en esta Copa América. No pateó al arco y se lo vio frustrado en varios pasajes, incluso con sus compañeros, como algunos reproches a Lucas Biglia por algún pase que no fue para él.

“La Pulga” vivió de forma muy intensa los penales, al igual que en el partido de cuartos de final ante Colombia.

Caminó hacia la pelota para patear el suyo, bajo unos ensordecedores silbidos que descendían de las cuatro tribunas del estadio Nacional de Santiago. Quedó cara a cara con Claudio Bravo, su compañero en Barcelona, y fue gol. Cerró el puño, y se volvió caminando, mirando el pasto.

Desde allí, vio como la oportunidad de ganar se le escapaba de las manos a la selección.

Se puso de espaldas al arco tras el remate desviado de Higuaín y se quedó duro, con las manos cruzadas en la espalda, con el de Banega.

Luego llegó lo peor: la picó Alexis Sánchez y el estadio explotó.

Gritos, llantos, banderas en alto y un festejo eterno de los chilenos.

“Messi cagón”, cantaron luego, con “La Pulga” parado, petrificado, en el borde de una de las áreas. Mientras varios de sus compañeros se acercaban a saludarlo.

La serie de penales fue dura para todos. Gonzalo Higuaín, quien falló el suyo, volvió a la mitad de la cancha y se quedó arrodillado, mirando el piso, sin encontrar consuelo.

Así estuvo hasta el final, cuando se dejó caer hacia atrás, mirando el cielo, mientras los hinchas festejaban.

Lo mismo sucedió con Ever Banega, otro que falló, a quien sus compañeros abrazaron y consolaron cuando Alexis le daba el triunfo a Chile.

El resto lo vivió inmóvil, fundido en un solo abrazo en la mitad de cancha.

Consumada la derrota, el resto del equipo entró a saludar. Abrazos y consuelo para los que estaban adentro de la cancha.

Del cuerpo técnico, el “Tata” Martino fue quien más tardó en salir. Caminó, mirando el piso, hasta donde estaban los suyos. Saludó uno por uno a los jugadores y se quedó a un costado, junto a Pautasso, su ayudante, sin charlar entre ellos.

Mientras tanto, el equipo sufría por la derrota.

Apenas Claudio Bravo, héroe chileno, se acercó para consolar al plantel argentino, junto a alguno de los ayudantes de Jorge Sampaoli.

La caminata final de la selección quedará en la memoria de todos.

El plantel desfiló por el escenario organizado para premiar a los campeones, pero una vez más para recibir la medalla del segundo lugar.

Carlos Tevez fue el primero en pasar. Le colocaron su premio, que rápidamente se sacó. Así sucedió con todos.

Lionel Messi, el capitán, fue el único que pasó con la camiseta puesta. Javier Mascherano fue quien cerró la fila. El número 14 se retiró al borde de las lágrimas.

En la fiesta de Chile, la selección sólo fue un invitado de lujo.

El Estadio Nacional vivió un partido aparte en las tribunas. Los hinchas locales acompañaron y levantaron a los suyos.

Frente a cada jugador de la Argentina que se acercaba a patear, los silbidos fueron ensordecedores.

Con el penal de Alexis Sánchez, todo fue festejo.

Chile consiguió la primera Copa América de su historia.

La Albiceleste, una nueva decepción.