Editorial: Santuarios y la reforma migratoria

La respuesta más fácil, para no solucionar nada de fondo, es eliminar las ciudades santuarios sin querer comprender el por qué se crearon en un primer momento.
Editorial: Santuarios y la reforma migratoria
El padre Cameron Faller del Church of the Epiphany realizó un servicio en el lugar donde la mujer de 32 años Kathryn Steinle murió.

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El asesinato de Kathryn Steinle a manos de un indocumentado en San Francisco refleja los problemas de comunicación, de decisiones erradas y la falta de una actualización del sistema migratorio a través de una reforma integral. La respuesta más fácil, para no solucionar nada de fondo, es eliminar las ciudades santuarios sin querer comprender el por qué se crearon en un primer momento. 

El sospechoso Juan Francisco López Sánchez, que estaba detenido por un viejo cargo de drogas tenía suficientes antecedentes penales como para haber sido entregado a la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) para ser deportado. Sin embargo, el sheriff Ross Mirkarimi de San Francisco no lo hizo después de hacer sus consultas legales. Los hechos posteriores probaron que fue un craso error. 

Se puede decir que el crimen no habría pasado si López Sánchez hubiera sido deportado, como se puede decir que si se hubiera aprobado una reforma migratoria integral, las normas para las autoridades locales serían más claras como para no permitir la libertad de este individuo. La instrumentación de la discrecionalidad de la autoridad local y migratoria condujo a la libertad de delincuentes que reincidieron aunque en un margen menor que la tasa de reincidencia delictiva nacional. Esto refleja otras cifras que muestran en repetidos estudios a los inmigrantes con menores grados de delincuencia que el nativo. 

Pero todo esto cae en oídos sordos, que solo escuchan asesinatos cometidos por indocumentados porque reflejan sus estereotipos y justifican el momento para relanzar en el Congreso una línea dura para eliminar las ciudades santuarios. Además, hay una medida en la Cámara Baja que quita los fondos del Departamento de Seguridad Interna a esta ciudades. 

Estos críticos tampoco escuchan a las autoridades policiales de estas ciudades que señalan la necesidad de que las comunidades inmigrantes confíen en ellos para denunciar delitos y colaborar con la policía sin temor a ser deportados. La ceguera legislativa hace que promuevan medidas que en la letra habla de seguridad pública, mientras que en la práctica la pone en peligro. 

Lo más fácil es rasgarse las vestiduras reaccionando ante el asesinato de San Francisco, lo difícil es reconocer que con una reforma migratoria quizás no habría habido este incidente, ni santuarios,  ni órdenes ejecutivas. Pero para eso necesita un liderazgo inexistente hoy en el Congreso.

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