Inmigrante transgénero: ‘Fui abusada por agentes de ICE’

ICE rechaza las acusaciones, pero es más de una mujer que asegura haber vivido tal infierno en el encierro migratorio

@Alvaradoisa

Su abogada debió decirle dos veces “¡ganaste!” para que Jessicka Letona, de Guatemala, despertara de una “pesadilla” de siete meses y medio que vivió en dos centros de detención para indocumentados.

Antes de que le concediera asilo político el 28 de mayo, Letona, una mujer transgénero de 27 años, debió pasar -según ella- dos “purgatorios” de la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (ICE).

Del primero, en Arizona, donde estuvo un mes y medio luego de entregarse a la Patrulla Fronteriza cuando cruzaba el desierto, recuerda maltrato físico y verbal de los celadores y otros internos.

“Fui abusada por los policías, me tocaban en repetidas ocasiones cuando hacían revisión”, contó.

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Unidad especial de ICE para la comunidad LGBT en Santa Ana

Foto: Aurelia Ventura/La Opinión

Posteriormente la trasladaron a la unidad especial de ICE para la comunidad LGBT en Santa Ana, donde permaneció poco más de seis meses. En ese sitio, dice, las cosas no fueron muy distintas.

“No te ven con esa sensibilidad, de decir ‘ella es una chica trans, tiene senos, ha cambiado su cuerpo’. Te tratan como hombre, es feo”, comentó.

Letona huyó de su país el 3 de septiembre de 2014 para que no la asesinaran. En su patria, asegura, los homofóbicos la acechaban en cada esquina. “No les importa pegarte un tiro y dejarte tirada”, dijo.

Para su sorpresa, los maltratos no se quedaron en su tierra.

“Vengo a este país corriendo del estigma, de la discriminación, para que se me acepte como una persona transgénero y encontrarme en un país con la misma problemática, es muy penoso saber eso”.

Victoria Villalba, una mexicana transgénero de 19 años, también denunció supuesto maltrato recibido durante tres meses en centros de ICE en San Diego y Santa Ana. Le concedieron liberarla mientras avanza su petición de asilo político. Ahora ella aboga por otras mujeres transgénero encarceladas.

“Se te trata como un criminal”, afirmó la residente de Phoenix y quien hace unos días recibió el premio Youth Courage de la fundación Colin Higgins en reconocimiento a su activismo.

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Foto: Aurelia Ventura/La Opinión

ICE no comentó sobre quejas específicas, pero ha negado que se ensañe con los internos de la Unidad GBT de Santa Ana, enfatizando que no es un lugar de castigo, sino de transición.

Defensores de la comunidad gay indican que no todos los transgéneros obtienen asilo político, pero aplauden que algunos logran cancelar sus procesos de deportación y reciben permisos de trabajo.

El Servicio de Inmigración y Ciudadanía (USCIS) no identifica los casos de refugio político otorgados por orientación sexual. Lo cierto es que cada vez más latinoamericanos reciben este beneficio. En 2013, 204 mexicanos obtuvieron asilo político de Estados Unidos y el año siguiente subió a 448.

“El mérito de sus peticiones se considera caso por caso”, precisa ICE.

Letona cuenta que al salir de la Unidad GBT de Santa Ana se sintió como una “hormiga” en un bosque. Recién se adapta a Los Ángeles con clases de inglés.

“Quiero ser una mujer transgénero hecha y derecha, ya no quiero esconderme de nadie”, dice.

 

‘Mi vida corre peligro en México’ 

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Foto: Aurelia Ventura/La Opinión

La mano derecha de Dayyana forma un puño y finge clavarse una daga en el estómago. Está relatando cómo “picaron” a una amiga que, al igual que ella, se dedicaba a la prostitución en Tijuana.

Pero fue otro incidente el que influyó para que esta sinaloense transgénero de 29 años se dirigiera al cruce fronterizo en San Diego a solicitar asilo político: un consejo que le había dado un abogado.

“A otra amiga un policía ministerial la asaltó y por meterme a defenderla me amenazaron a mí, por eso me vine para acá”, contó desde su celda, en la planta baja de la unidad especial para gays de ICE.

Nacida en Sinaloa, Dayyana ha pasado tres meses encerrada y sueña con iniciar una nueva vida. Pero recién llegada le tocó una prueba que califica de denigrante: le pidieron desnudarse para una revisión. “Hacen que abramos las pompas, todo”, contó avergonzada.

“¿Qué pasaría si regresas a Tijuana?”, se le pregunta.

“No sé, tengo miedo. Ya quiero retirarme de la vida que llevaba y yo sé que estando en México no voy a poder”, responde quien vivió nueve años en Tijuana.

Dayyana comenta que su padre vive en California y que hace 13 años obtuvo el estatus de residente legal, pero él la rechaza por su orientación sexual. No la ha visitado en este lugar.

“Quiero arreglar papeles y trabajar aquí”, comenta ilusionada. “A ver en qué me acomodo”.

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