Transgéneros tras rejas de ICE sufren ‘pésima’ atención médica (FOTOS)

El alegre arcoíris es símbolo de la comunidad LGBT, pero en este sitio solo domina el naranja, el color de los inmigrantes en espera de su suerte migratoria

@Alvaradoisa

Un hueso sobresale del hombro derecho de Vanessa Olmos (su nombre legal es Cristian) y ella asegura que desde hace tres meses lo tiene así, dislocado, en este centro de detención para gays en Santa Ana.

“No han hecho nada” dice con un semblante de dolor este mujer transgénero que lleva un año y nueve meses de encierro en la Unidad GBT (gay, bisexual y transgénero) de la cárcel municipal de Santa Ana, la cual opera la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (ICE) desde hace cuatro años.

La atención médica aquí, asegura Olmos, se limita a un “¿cómo te sientes?” y a pedirle que ejercite el hombro para que regrese a su posición adecuada.

“No me agarran el brazo, ni me lo mueven, quieren que haga los ejercicios yo sola. Tengo miedo de que me pueda lastimar”, dice la inmigrante quien fue traída de Miami, donde vivió diez años.

No es la única queja sanitaria que pesa en contra de esta unidad especial. Le acusan de supuestamente brindar un pésimo servicio, compartir qué detenidos son portadores del VIH, negar medicamentos, carecer de personal médico en el lugar y no ofrecer inmediato tratamiento hormonal.

061615_18_Santa Ana Jail
Vanessa Olmos (su nombre legal es Cristian). /Fotos: Aurelia Ventura

Foto: Aurelia Ventura/La Opinión

Cabe señalar que el Servicio federal de Salud Pública (USPHS), que supervisa la atención médica en dicho centro, no ha detectado anomalías.

Del rostro de Teresa (legalmente se llama Héctor Faguaga) ha empezado a brotar vello. La nacida en la Ciudad de México hace 42 años asegura que es por la falta de hormonas que no recibe desde hace un mes.

“Es para uno sentirse más femenino. Mire cómo le crece a uno el vello”, comenta Teresa levantando el mentón para mostrar una incipiente barba.

Según algunos internos en la Unidad GBT que entrevistó La Opinión, aquí deben esperar más de seis meses y presionar a través de abogados y organizaciones civiles para recibir el primer tratamiento de hormonas, una presunta tardanza que niega la agencia federal.

 

ICE dice que no los deja ‘a su suerte’

“No he sabido de preocupaciones de que la terapia de hormonas se retrase considerablemente”, dijo Andrew Lorenzen-Strait, subdirector de operaciones nacionales de ICE.

Los encargados del centro aseguran que doctores y enfermeras realizan visitas regulares -atendiendo así la falta de una clínica dentro de la unidad– y señalan que llevan a los internos a otro sitio de la cárcel si necesitan recibir atención odontológica o especializada. Jamás los dejan a su suerte, aseguran.

“Si hay algo crónico continuamos viéndolo”, indicó Lorenzen-Strait. “Nuestro centro no sólo está bajo el cuidado del mejor contratista médico, sino supervisado por el Servicio de Salud Pública”, enfatizó.

Pero el activista Jorge Gutiérrez alega que son constantes los reclamos de que la atención médica es pésima o que incluso se ha negado a algunos internos.

“Los enfermos de VIH no reciben sus medicamentos; y cuando tienen dolor de cabeza o gripa tampoco les dan medicina”, señaló.

En la celda de Vanessa hay unas fotos que la muestran maquillada, radiante, alegre, bella. Tras las rejas esa imagen se esfumó.

“Adelgacé muchísimo desde que llegué a este lugar. Me marchité”, dice.

 

‘Aquí te roban la vanidad’

061615_15_Santa Ana Jail
Teresa (Héctor Faguaga), una de las latinas transexuales que esperan que un juez decida su suerte migratoria.

Foto: Aurelia Ventura/La Opinión

Las cejas pierden forma, el delineado de ojos es un sueño guajiro, ya no se portan jeans entallados a la figura sino holgados pantalones de color naranja. No hay uñas postizas y las zapatillas son cosa del pasado.

“Aquí nos roban la vanidad”, dice Teresa (Héctor Faguaga), una de las latinas transgénero que esperan que un juez decida su suerte migratoria.

Algunas internas hacen lo posible por mantener su apariencia femenina en este lugar donde escasean las sonrisas, pero otras parecen haberse dado por vencidas. En libertad reclamarán su género.

Teresa, quien trabajaba limpiando casas en El Monte, comenta que se siente mal al verse al espejo, por sus cejas verdes, el vello que invade su cara y el traje que esconde sus curvas.

“Yo soy de mucha fiesta, me gusta bailar”, dice esta chilanga. “Aquí, con estas ropas y los encierros [los aislamientos para quienes desobedecen las estrictas normas] se pierde eso”.

El alegre arcoíris es símbolo de la comunidad LGBT, pero en este sitio solo domina el naranja, el color de los reos.

LEE ADEMÁS:

Inmigrantes LGBT: Vivimos un infierno en cárceles de ICE

ICE: Activistas LGBT dudan de eficacia de nueva guía sobre inmigrantes transgénero

ICE anuncia nueva política de detenciones para inmigrantes transgénero