Una mujer enfrenta a jueces, violadores y asesinos de niñas en EDOMEX

Esta es la vida de Emerenciana López Martínez, una guerrerense convertida en mexiquense; una luchadora social como pocas, con lengua de diablo y alma de ángel que vio a la muerte a la cara

Más allá del oriente del Estado de México, pocas personas conocieron el nombre de Emerenciana López, una mujer que vivió para contener la muerte de otras mujeres en un pedazo de tierra en la que se ha vuelto común el hallazgo de niñas hinchadas en los canales de aguas negras, de mujeres desmembradas y sus restos arrojados en los basureros.

Ahora que a regañadientes el Gobierno mexiquense ha solicitado la Alerta de Género en apenas 11 de los 125 municipios, y cuando los funcionarios se felicitan a sí mismos por la medida, la historia de una anciana que encaraba policías judiciales y enfrentaba jueces toma relevancia.

Esta es la vida de Emerenciana López Martínez, una guerrerense convertida en mexiquense; una luchadora social como pocas, con lengua de diablo y alma de ángel que vio a la muerte a la cara.

La entrevista fue realizada en 2012, dos años antes de su muerte. Su historia, narrada por ella misma, es presentada en primera persona…

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Chimalhuacán, Estado de México.- Soy Emerenciana López y yo no fui a la escuela, no tengo preparación. Soy lírica, pero me he llevado a varios jueces y judiciales a la cárcel yo sola.

Con perdón de ustedes, pero a los chingadazos nadie le entra.

Nadie, nadie, nadie.

Porque no todos los procuradores trabajan. Ojalá que al señor Alfredo Castillo —entonces Procurador de Justicia del Estado de México— no lo quieran poner en la PGR.

No sirve para mandar ni para servir.

Las mujeres necesitan justicia y ni siquiera respeto tienen. Una mujer denuncia que su marido la golpea y le dicen que se aguante y vaya al día siguiente. Entonces vienen conmigo. Aquí viene el pobre, el rico, todo mundo. Allá voy a pelearme con ellos nomás con el escudo de Dios nuestro señor.

Nací en San Luis Acatlán, Guerrero, y llegué aquí, a Chimalhuacán, en 1983. Tenía 22 años.

Esto era un llano, no había casas, ni nada, yo fui la primera en llegar. La madre de quien nos vendió los terrenos se llamaba Elena y, por eso, llamó la colonia Santa Elena. Guadalupe Buendía, La Loba —una invasora de terrenos militante del PRI y ahora presa— ya andaba en la política, ya fraccionaba los terrenos.

Ahora el dueño de Chimalhuacán es Román Tolentino —Alcalde saliente, Diputado Federal entrante y líder de Antorcha Campesina—, un desgraciado que nos mata de hambre y manda a matar con bala a quien le quiera quitar el hueso.

Es malo, en verdad lo que se dice malo.

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Fotos: Eduardo Loza, SinEmbargo

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Yo ya tengo tiempo trabajando, pero empecé duro, duro en 1987. Aquí era un desierto en que los hombres dejaban a sus mujeres y luego ni para comer tenían. Y me venían a ver. Yo les daba frijoles para que le llevaran a sus hijos o llevábamos a los niños al hospital, mi marido, Vicente, y yo, porque por dinero yo no sufrí. Luego Vicente se fue con otra y a esa la dejó por otra y así.

El primer caso en que yo hice algo por una mujer muerta no les va a gustar. Esa una historia muy cabrona, más cabrona que acostar a los hijos sin tener para darles de cenar.

Había una secundaria, la única en el pueblo de San Agustín. Desde aquí sólo un camino llegaba hasta allá, una calle de tierra como todo lo era entonces, y de perros muertos, de carros robados en el DF y desvalijados por acá.

Por ese sendero subían y bajaban los chiquillos. Nada más había una combi, pero los chamacos se comían el dinero del pasaje y regresaban en bola. Se oían sus risas dentro de la polvareda.

Donde ahora está el deportivo del Pípila había un árbol grandote; ya no está, porque una inundación lo arrasó. Aquí no se inunda con agua: aquí se anega con mierda.

En ese tiempo, sigo en 1987, empezó a pasar que junto a ese árbol mataban y robaban y las madres y los vecinos y las mujeres andábamos como viruelas locas.

Decían que andaba un fulano por ahí matando, violando.

El 16 de noviembre de 1987 venían cuatro muchachos de la secundaria: tres niñas y un niño. Dos de las niñas ya tenían 15 años y la otra era más chica, como de 14, que estaba pachona como almohada, venía con el chamaco atrás y, las otras dos niñas, una de ellas muy bonita, venían adelante.

Y les salió el fulano.

Les sacó una pistola y se los llevó y los jaló para adentro de los sembradíos que había.

A la gordita y al chamaco los desnudó completamente y, con su misma ropa, los amarró y lo metió en una pileta de agua sucia que usaban para regar los plantíos. A las dos niñas se las llevó hasta el fondo, por donde ahora está Soriana y violó a la bonita.

—¡Párate! —le ordenó. La chica se quiso parar, pero vomitó verde. Creo que su hígado explotó. —Tú ya no me sirves —y le disparó en la cabeza.

A la otra la tenía bocabajo y desnuda.

—Tú estás muy flaca —y le dio un balazo en la espalda.

Y se fue el hombre.

Junto a lo que ahora es la tienda Elektra siempre había una patrulla.

Los muchachos que estaban en la pileta se desataron y, desnudos, salieron al camino. Ellos avisaron que se habían llevado a las niñas. La gente se movilizó.

La muchacha herida en la espalda se levantó y caminó. A la altura de Elektra se encontró un hombre.

—¿Qué te pasó, hija? —le preguntó el señor.

La muchacha no podía hablar. Él se quitó la chamarra y la envolvió. Los patrulleros los encontraron y se llevaron a ese hombre a la cárcel. Otras personas buscaron un carro y trasladaron a la niña al Seguro Social y no la querían recibir.

Al día siguiente, el 17, robaron la escuela. El ratero se quiso llevar la única máquina de escribir que había, pero lo agarraron. La gente decía que el ladrón y el asesino era el mismo.

Las mamás me pidieron ir al juzgado porque el muchacho que se metió a robar resultó ser hijo de una lideresa de entonces, Esperanza González Peralta, además quinta regidora del Ayuntamiento.

Su hijo, Gilberto Jesús Peralta, de apenas 19 años, ya era comandante de Santa Elena y, desde los 12 años, ya tenía su banda y nadie podía hacer nada, porque su madre tenía mucho poder.

Era priista. Aquí, en Chimalhuacán, sólo el PRI o, más correctamente, Antorcha Campesina, nos ha robado.

Total, que ya querían soltar al hijo de la regidora. Nos querían hacer tarugas con la fecha de la audiencia en que querían dejar libre al tal Gilberto, pero yo me fui a las universidades y a las preparatorias y me fui con el montón de chamacos a protestar.

Yo siempre he sido entrona y grosera. ¡¿Qué chingados?! ¡Y mi arma es un rosario!

Y nada de que salió ese cabrón a quien el diablo tenga en el maldito infierno.

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Llevo y llevo asuntos. Mire, estos recortes de periódicos, estas cartas que me traen las mamás y yo entrego a las autoridades. A veces ni sé para qué chingados.

Vea todas estas averiguaciones previas. Mire esta. ¿Es justo?

Acta: CHIM/II/1000/2006

Delito: Homicidio por estrangulamiento

Agraviado: Inés Martínez Fuentes, diecinueve años

Inculpado: Quien resulte responsable

Lugar de los hechos: Gardenia 26, Barrio Portezuelos, Chimalhuacán

Hora de los hechos: 12:30 horas (21 de febrero de 2006)

Hechos: se realiza el levantamiento de un cadáver localizado en el interior de un cuarto deshabitado en un terreno baldío, en posición sedente, con las extremidades inferiores hacia delante y recargadas en una puerta, atada con una piola al cuello con punto de apoyo a una armella de la puerta, asimismo con las manos maniatadas con la misma piola y los ojos vendados con una franela roja. El cierre y el botón del pantalón desabrochados, sin el zapato izquierdo, presentando un surco en el cuello.

Referencias: se logra establecer la identidad de la hoy occisa, derivado de una denuncia realizada por desaparición de persona en el perímetro de Neza (…) era originaria de Oaxaca, tenía un mes viviendo con ellos y estaba trabajando como auxiliar de secretaria en un taller de herrería, con razón social “Soldadura Especializada” (…) les había comentado que saliendo de trabajar iba a visitar a sus familiares, por lo que todavía llegó a ese domicilio y marcó por teléfono a su prima para indicarle que se dirigía a su casa (…) Ya no regresó, buscándola con familiares y amigos (…) entran en el área del Servicio Médico Forense del Centro de Justicia de Chimalhuacán y la reconocen plenamente sin temor a equivocarse.

Indicios asociativos: el predio era propiedad de la señora (…) mismo que cuidaba (…) Al pasar frente al predio se percata de que la puerta estaba entreabierta y se asoma, observando que estaba una persona sentada y cuando se acerca ve que es una mujer, la cual tenía un lazo atado en el cuello y una franela roja en los ojos.

Determinación: asfixia mecánica por estrangulamiento. No está violada, presentaba ciclo menstrual.

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Ya tumbé a un juez en Texcoco y a varios agentes del Ministerio Público. Les busco y les busco y les termino encontrando. Al juez me lo chingué porque le entró al despojo de una señora que había comprado su terrenito.

Y ahorita traigo otro entre ojos, porque soltó al abusador de una niña. Aquí la vida de una mujer vale mucho menos que la de un hombre. Cuando matan a una mujer ni caso hacen.

Por mi trabajo he ido a Cuba, a Estados Unidos, Guatemala y El Salvador para hablar de los derechos humanos de las mujeres. Me han atendido en la Comisión Interamericana de Mujeres.

La justicia cuesta.

Le pido y les pido a los procuradores que volteen a ver a Chimalhuacán, pero la justicia cuesta y aquí no hay dinero.

¿Qué haya un agente del Ministerio Público honesto? Mmmmm. Pues a lo mejor uno y quizá uno que otro policía judicial, porque luego te encuentras alguno con un coche de veras rascuache, pero un juez decente… de los jueces no lo puedo asegurar.

Aquí arriba hay un hombre feo de la cara y más feo del corazón, uno que es de una familia con dinero.

Ese mandó a que le tiraran dos jarras de agua hirviendo a una mujer y le quemaron todo el lado izquierdo de su cuerpo. Le quemaron el antebrazo hasta llegar al hueso y murió. Le dio 800 mil pesos al juez y está libre y hasta fue candidato a la Presidencia Municipal de Chimalhuacán por el PRD.

A la mamá de la difunta, que hace quesadillas en el mercado, van los de la familia de ese hombre y le gritan que le dieron dinero al juez.

Y por eso la señora ya dejó de pedir justicia para su hija, y eso que los hombres se rinden más rápido. En estos más de 25 años que tengo dedicada a defender a las mujeres nada ha mejorado. ¿Qué va a mejorar? Yo veo a las autoridades más corruptas cada vez.

Yo me agarré a un policía de la oreja y le dije: ¡A ver, cabrón, cuánto cuesta la justicia! Y me dijo, riéndose el pendejo aunque bien que me tienen miedo, cuánto por soltar un asesino: 70 mil pesos. Y a un violador: 25 mil pesos. Y a un ratero con violencia: 15 mil pesos.

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A las mujeres, desde niñas les compran la muñeca, el platito, la tacita, las enseñan a quedarse calladitas y así crecen. Desde niñas son maltratadas en su casa y a la mujer maltratada la atontan, la vuelven mensa. Luego las violan y ellas tratan denunciar.

—¡Hey, te toca la violada! —se gritan los del Ministerio Público cuando una de ellas llega.

—¡Mira cómo vienes vestida, es que no te das tu lugar! —les dicen y les hacen repetir lo que les hizo el violador. Y ponerse como las puso el violador.

El judicial le habla golpeado y ella se espanta y ya no regresa o no declaran como se debe, porque ahí hay mucha morbosidad. Las revisan hombres, las hacen pasar toda clase de humillaciones. Gozan, gozan con el dolor.

De eso se valen para que ya no sigan dando lata.

Yo las defiendo y voy y ahí me planto hasta que me atienden.

Me da rabia. Yo les digo: levante la cabeza, niña, que la gente diga lo que sea. De mí han dicho hasta que le quito el marido a las mujeres y que soy la puta de todos, hasta del perro.

Y si vamos a morir, vamos a morir.

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