Inauguraciones, presidentes y placas

Acá lo importante de la obra pública, que se hace con nuestros impuestos, es la obra misma y las necesidades que satisface

La carretera interestatal número 10 va desde Florida hasta California, pasando  por la ciudad de Houston. La atraviesa transversalmente y con mucho tráfico a todas horas, ya que esa ciudad creció sin un plan de desarrollo urbano, por lo que hay grandes manchones habitacionales por todos lados.

Además, Houston tiene un servicio de transporte público insuficiente, de manera que la gran mayoría de los habitantes de la zona conurbana usan automóviles para todo.

Por esa circunstancia se decidió ensanchar la carretera interestatal y lo que era de cuatro carriles se amplió enormemente, convirtiéndola en algunos segmentos en una de las carreteras más anchas del mundo.

El día que la terminaron no se dijo una sola palabra sino solamente se abrió al tránsito.

Esa sencillez me llamó poderosamente la atención porque estoy acostumbrado a que en México, cualquier obra, por pequeña que sea, se inaugura con bombos, platillos y una placa para memorizar ese heroico hecho.

Recuerdo la apertura del Hotel Presidente Chapultepec en México que era uno de los hoteles de Nacional Hotelera, del gobierno, de la que yo era director general.

Para la apertura del hotel, se invitó por supuesto al presidente de la república a cortar el listón. Un día antes de la inauguración se presentó un integrante del Estado Mayor presidencial en mi oficina y me dijo: “está muy bonito su hotel pero, ¿dónde está la placa?” Le pregunté de qué placa me hablaba y me dijo que era una en que constara que el presidente de la república inauguró ese hotel.

Debo haber puesto cara de bobo porque en una hoja me apuntó lo que la placa tenía que decir. En la redacción incluyó que el hotel había sido inaugurado por el presidente José López Portillo, como una de las obras de su gobierno. Luego me dijo que si no había placa el presidente no inauguraría.

La famosa placa se volvió problema de Estado, pero logramos encontrar una persona que se comprometió a hacerla en unas horas. Estaba horrible la placa, pero cumplió su función.

Desde entonces ando buscando las placas en cuanto edificio u obra visito, y las encuentro, porque en todos los casos, en ciudades y pueblos, se plasma para siempre el dato de quien haya inaugurado, sea el presidente, el gobernador, o el alcalde.

Acá lo importante de la obra pública, que se hace con nuestros impuestos, es la obra misma y las necesidades que satisface. Pero en México parece que lo más importante sigue siendo la placa y el lucimiento del político en turno que se adjudica la realización de la misma.