“Papacito de mi corazón”

Cómo elegir un apodo romántico para tu pareja
“Papacito de mi corazón”
Antes de utilizar un sobrenombre, consúltalo con tu pareja.

Después de un mes de estar en una relación sentimental, sentimos más confianza con nuestra pareja, nos abrimos, revelamos algunos secretos de nuestro pasado e incluso nos animamos con algún apodo cariñoso.  

Los sobrenombres transmiten un sentimiento cariñoso, de intimidad y confianza, siempre y cuando lo consultes antes con tu pareja y te asegures que está de acuerdo con que lo llames de ese modo. Lo importante es que no ofendan a la persona aludida, demuestren afecto y no se utilicen de manera indiscriminada. Esto es, puede ser muy romántico llamar a tu novio “bizcochito”, cuando están solos, pero puede ser mortificante si lo llamas así cuando está con sus amigos, sus padres o sus compañeros de trabajo.

Los sobrenombres pueden aludir al aspecto físico de la persona, a su personalidad, a sus gustos, o simplemente sonar románticos. Hay quienes adoptan el sobrenombre que usa su familia, quienes apelan a los apodos clásicos, como “amor”, “bebé” o “papi” y quienes se aventuran con alguna creación personal.  Los apodos también son convenientes cuando tienes más de una relación a la vez, porque evita confundirte el nombre del novio de turno.

Cómo quieres que te llame

Si eres una de esas personas que les gusta cambiarle el nombre a sus seres queridos, pero no puedes decir cómo llamar a tu pareja, te ofrecemos una lista básica que te ayudará con la decisión.

Apodo básico. Estos son los sobrenombres típicos que se usan de acuerdo al nombre de la persona, como por ejemplo “Nacho” por Ignacio, “Paco” o “Pancho” por Francisco, “Chente” por Vicente y “Moncho” por Ramón. Si te gusta la idea, pero quieres hacerlo más personal, puedes agregarle un adjetivo al final, como “Monchito mío” o “Toñito de mi corazón”.  También puedes apelar a los clásicos como “corazón” o “papito”, que siempre son bien aceptados.

Apodo gastronómico. Ciertos alimentos pueden sonar románticos cuando los usas de manera cariñosa. Si te gustan los dulces, por ejemplo, puedes empezar a llamar a tu novio “bomboncito” o “caramelito”. Si prefieres lo salado, utiliza “frijolito”, “camaroncito”, u otros alimentos que te recuerden a él.

Apodos que aumentan el ego. Si crees que tu pareja necesita un poquito de ayuda con su autoestima, puedes apelar a sobrenombres como “mi rey”, “tigre”, “tesoro” o “vida mía”.

Apodos basados en el aspecto físico. Con este tipo de sobrenombre debes tener cuidado, porque  pueden ofender la sensibilidad de tu enamorado.  Una manera de lograrlo es utilizar el diminutivo que siempre suena más cariñoso. Si por ejemplo, tu pareja tiene unos kilitos de más no lo llames “gordo”, sino “gordi”, o incluso “mi osito”. También puedes llamarlo “chaparrito”, pero asegúrate de preguntarle antes de hacerlo.

Apodos que no estás muy segura de lo que significan, pero que suenan cariñosos. Aquí se incluyen toda clase de sonidos desde “chuchi” a “chapis” y cualquier otra combinación que incite al romance.