Editorial: El estornudo de China

El propósito de la devaluación es bajar el precio de las exportaciones chinas para aumentar el ingreso de divisas.

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No hace mucho se decía que cuando la economía de Estados Unidos estornuda, al resto de las economías les daba una gripe. En el siglo 21 es China la nación que tiene ese  poder sobre los mercados internacionales y economías nacionales por su tamaño, sus exportaciones y la demanda de productos. El impacto de la crisis resultará en una invasión de productos chinos a precio más baratos, en una caída en el valor de los productos que importa y más dificultades para quienes quieren hacer llegar sus productos extranjeros a la gigantesca masa de consumidores chinos.

La caída del consumo interno, la producción de sus fábricas por debajo de las expectativas y la desinflada burbuja en su mercado de valores son algunos de los serios problemas que enfrenta la nación asiática,  que busca solucionar a través de la evaluación de su moneda, el yuan. Esta reciente depreciación llevó a la moneda a su punto más débil desde septiembre de 2012 y representa la mayor caída desde que fuera devaluada en 1994.

El propósito de la devaluación es bajar el precio de las exportaciones chinas para aumentar el ingreso de divisas. Esto significa que los chiles exportados a México podrán ser aun más baratos que en la actualidad, desplazando el producto del campesino mexicano.

De la misma manera a una moneda con menor poder adquisitivo le es más caro comprar productos afuera, por lo cual reduce sus exportaciones. Esta baja de demanda derrumba los precios internacionales de los minerales que Brasil vende a China, de la soja argentina y del petróleo. La magnitud de la demanda china impacta los mercados internacionales golpeando a las economías que apostaron su estabilidad en la venta de productos a China. Esto también significa una reducción en las inversiones chinas en el extranjero, tanto en América Latina como en África.

Para Estados Unidos, la devaluación del yuan toma ribetes de una guerra monetaria porque China hizo lo contrario a lo que Washington lleva años pidiéndole que haga. La reducción de la exportaciones a China costará empleos, reflejo de ello fue la caída en Wall Street de las acciones de empresas exportadoras de productos a Beijing.

La globalización tiene encadenadas a las economías mundiales entre si. Los gobiernos son  cada vez son más dependientes de factores ajenos de su control. La crisis de China es un llamado de atención sobre esta realidad.