Editorial: Castigo irrisorio en Torrance

Los reguladores estatales dieron a conocer el jueves pasado la conclusión de su investigación del incidente, señalando 19 violaciones a la normas de sanidad y seguridad laboral
Editorial: Castigo irrisorio en Torrance
Este es uno de los lotes baldíos donde el EPA encontró químicos contaminantes en LA.

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La explosión en la refinería de Exxon-Mobile de Torrance en febrero pasado pudo evitarse sino fuera por la negligencia de los administradores que por años ignoraron problemas que condujeron a la explosión. Por fortuna el incidente solo causó heridos, pero el humo proveniente del accidente estremeció a los vecinos y contaminó aún más el aire del área.

Los reguladores estatales dieron a conocer el jueves pasado la conclusión de su investigación del incidente, señalando 19 violaciones a la normas de sanidad y seguridad laboral. Todas estas infracciones, menos una, fueron clasificadas como serias ya que pueden causar la muerte de un trabajador. Una media docena de estas últimas fueron declaradas también como deliberadas porque la compañía no tomó acción para arreglar condiciones peligrosas ya conocidas en la refinería e intencionalmente incumplió con las normas de seguridad estatal.

El reporte indica una deliberada decisión de no reparar una unidad que lleva nueve años trabajando mal, causando -según los reguladores- que no se pueda medir la presión de un catalizador que finalmente explotó. El incidente hirió cuatro trabajadores, además de arrojar escombros y contaminación en una poblada área de Torrance donde hay 14 escuelas.

La multa por tamaña irresponsabilidad es la irrisoria cifra de 566,000 dólares, para una corporación que durante el primer trimestre de 2015 obtuvo ganancias por valor de 4,900 millones de dólares. Esta es la multa máxima autorizada por la legislatura en estos casos. La cifra tan baja representa para la petrolera tan solo un costo más que no le hace perder el sueño a sus ejecutivos.

El problema es la falta de garra en los castigos para que desaliente el incumplimiento deliberado de normas de seguridad, como la ausencia de una regulación activa en vez de ser pasiva como ahora. Las autoridades hallaron en 2007 el problema que explotó en 2015, recién después del incidente regresaron a la planta. Es como si el regulador recién reaparece para hacer la autopsia cuando tuvo todo para evitar la muerte.

En Sacramento se habla mucho de la contaminación que causan las refinerías como la Torrance. Es bueno atender ese problema, pero los legisladores deberían reformar las regulaciones sobre esas plantas de manera que sean vigiladas y que las violaciones a las normas de seguridad reciban un castigar ejemplar para alentar su cumpimiento. Es lo menos que se merecen los vecinos de esta plantas.