Pintor mexicano escapa al desamparo y regresa a las galerías de arte

Un joven pintor oaxaqueño ha vuelto a las galerías después de pasar un año deambulando en las calles del condado de Orange y consumiendo drogas y alcohol. Lo ayudó el Consulado de México en Santa Ana
Pintor mexicano escapa al desamparo y regresa a las galerías de arte

Esa llamada telefónica que ningún migrante quiere recibir le tocó a Alfredo Millán en 2013. A su madre, que entonces vivía en Oaxaca, le habían detectado cáncer de estómago y sus días estaban contados.

“Entré en un estado de shock y dije: ‘no tiene sentido seguir viviendo’”, cuenta Millán, de 27 años, sobre el momento en que decidió dejar de pintar, esa pasión que descubrió en la infancia, para perderse en las calles de Anaheim, en el condado de Orange, donde conoció las adicciones y el lado más oscuro del ser humano.

Siendo indigente tocó fondo. “Empecé a tomar y a consumir metanfetaminas. Me dí cuenta que era para estar despierto en la calle”, relata quien llegó de Oaxaca en 2011 con la ilusión de exhibir su arte.

Sin embargo, la enfermedad y muerte de su madre, Isabel Victoria, lo derrumbaron. “Nunca pensé llegar a ese estado. Yo tenía un trabajo, tenía todo. Pero después de eso me deprimí y no quería nada”, señala.

Millán deambuló por las calles durante un año. Sus exposiciones en importantes galerías de Oaxaca y en el Consulado de México en Santa Ana, y una carrera que repuntaba habían quedado atrás.

Vagando sin rumbo, el pintor solo llevaba consigo una libreta donde dibujaba a otros indigentes.

Alfredo Millán en su estudio en el Consulado de México en Santa Ana
Alfredo Millán en su estudio en el Consulado de México en Santa Ana

Un día de 2014, ya decidido a rehabilitarse, el artista regresó a la sede diplomática en Santa Ana y le volvieron a tender la mano: le apoyaron con dinero para el alquiler de un cuarto de hotel, ropa, comida y materiales; también lo refirieron a servicios médicos y prepararon su regreso a las galerías.

“Lo sustrajimos de una condición de alta vulnerabilidad y de peligro, y lo encausamos para que recibiera atención médica”, indicó el cónsul adscrito en Santa Ana, Marco Antonio Fraire.

Desde hace un año, Millán sigue creando obras en una oficina que le acondicionaron en el consulado.

El 15 de septiembre su arte fue exhibido una vez más en las instalaciones de ese consulado mexicano y vendió varios cuadros. “Gané como 8,000 dólares en una noche”, dice orgulloso el pintor.

Este año el oaxaqueño mostrará sus pinturas en paseos de arte y museos del condado de Orange.

“Queremos ayudarle a darse a conocer”, señaló el cónsul Fraire. “Alfredo es un caso emblemático: representa el perfil del migrante mexicano con talento y que viene en busca de una oportunidad”.

Millán, quien continúa sanando sus adicciones, ha demostrado que quiere salir adelante. Hace poco, durante 30 días, pintó cuarenta cuadros, a pesar de que su estilo (“raro”, basado en “pixeles” y donde hay figuras que forman a otras, explica él) le exige dar varias pinceladas.

"El rezo de un escultor", una obra en proceso de Alfredo Millán
“El rezo de un escultor”, una obra en proceso de Alfredo Millán

El joven sueña con tener un estudio grande para seguir creando.

Desahuciada, su madre le pidió que no regresara a Oaxaca. “Quédate ahí. Inténtalo. Tú puedes”, le dijo.

Así lo hizo. La fotografía de su madre, vistiendo un traje de tehuana, resalta en el estudio de Millán, en medio de cuadros en proceso y pinceles. Sobre su imagen él escribió: “Te extraño. Oriéntame”.