El PAN, en busca de la ética perdida

A raíz de la derrota en las elecciones presidenciales de 2012, el PAN perdió el rumbo y se dividió.
El PAN, en busca de la ética perdida
Con Felipe Calderón la imagen de los panistas se ensombreció más por la guerra fallida contra el narcotráfico.

Para hacer frente a la grave crisis de credibilidad que atraviesa, el PAN optó el pasado domingo por la alternativa de renovar la dirigencia del partido de la mano de Ricardo Anaya, un joven de 36 años que ha prometido terminar de tajo con la corrupción que ha manchado al blanquiazul sin fomentar el divisionismo ni la cacería de brujas.
La tarea, sin embargo, no será fácil. Para empezar, el proceso en que resultó electo Anaya estuvo caracterizado por serias denuncias de irregularidades. Su contrincante, el experimentado senador Javier Corral, señaló desde un principio que el proceso electoral había sido inequitativo porque el líder saliente del PAN, Gustavo Madero, había respaldado abiertamente la candidatura de Anaya con acarreos y alteraciones en el padrón electoral.
En contraste con Anaya, Corral había propuesto la rebelión de las bases para recuperar los principios de honestidad con que fue creado el partido en 1939. Cabe recordar que el fundador del PAN, el abogado Manuel Gómez Morín, se caracterizaba por su amor al orden, a las tradiciones religiosas y familiares y su obsesión casi neurótica por la rectitud. Nada le molestaba más que la corrupción de los priistas.
Estos ideales que el PAN enarboló durante todos los años que fue oposición quedaron en entredicho cuando Vicente Fox llegó a Los Pinos y gobernó con un estilo frívolo y dispendioso. Con Felipe Calderón la imagen de los panistas se ensombreció más por la guerra fallida contra el narcotráfico.
A raíz de la derrota en las elecciones presidenciales de 2012, el PAN perdió el rumbo y se dividió. Sus críticos, e incluso muchos de sus miembros, lamentan que haya desviado sus principios. El blanquiazul no ha denunciado, como se esperaría de un partido opositor serio, la escandalosa corrupción que caracteriza al gobierno de Peña Nieto. Tampoco ha presentado alternativas viables para que el país supere el estancamiento económico que sufre, y se ha mostrado más bien indiferente ante las violaciones a los derechos humanos y el auge de la delincuencia organizada.
Anaya tiene ante sí un reto mayúsculo. Dispone de menos de tres años para posicionar al PAN como un partido fuerte y unido de cara a las elecciones presidenciales de 2018. Para ello debe trabajar muy de cerca con las bases y los representantes de los diferentes grupos del panismo en busca del diálogo y la reconciliación. Debe, asimismo, erradicar las prácticas de corrupción dentro del PAN para que éste deje de servirse del poder y, finalmente, debe encauzar al partido para que vuelva a ser una oposición valiente, propositiva y verdaderamente interesada en el bienestar de México.