Opinión: Regresar a México es como si nunca te fuiste

Una inmigrante beneficiada con DACA narra la emoción de regresar a casa luego de 20 años
Opinión: Regresar a México es como si nunca te fuiste
Cartel en cruce fronterizo en Tijuana, Baja California.

Por Iliana Pérez, estudiante de la Universidad Claremont

El mes pasado tuve la oportunidad de regresar a México después de 20 años. Mis padres, mi hermano y yo llegamos a los Estados Unidos en 1995 de Pachuca Hidalgo en búsqueda de una mejor vida y nunca había llegado la oportunidad de regresar. Siempre tuve la inquietud de aprender acerca de la historia, la política y la economía en México.

Me preguntaba cómo es que un país tan rico tenía tantos problemas sociales, los cuales han causado que familias como la mía tengan que salir. Por los últimos 20 años anhelaba y soñaba con el día en que pudiera regresar a mi país natal.

Hace unos meses una profesora me invitó a participar en una investigación en la Ciudad de México. Como beneficiara del programa DACA, sabía que podría salir del país si solicitaba un Advance Parole, que autoriza salir a ciertas personas por cuestiones de trabajo, la escuela o una emergencia familiar. Esperé ansiosamente la respuesta hasta que un sábado llegó la carta esperada, por fin, se me haría realidad regresar a México. Les hable por teléfono a mis papás para contarles la noticia con lágrimas en mis ojos.

La noche antes de volar no pude dormir de la emoción. El avión aterrizó en México como a las 11:00 de la noche, miré las luces de la ciudad y me rodaron las lágrimas.

Desde el primer día que llegué todo fue como un sueño hecho realidad. Caminé por las calles de la ciudad de México admirando la arquitectura.

Visité museos en donde aprendí mucho acerca de la historia de México, basada en la lucha por el poder, la represión de la gente indígena y la extracción de sus recursos naturales. Fue importante entender el pasado para entender los problemas de México ahora.

Es verdad que existe mucha desigualdad, más aún cuando la mayoría de la gente gana una miseria. Uno como “turista” y con dólares gozamos de precios que consideramos baratos, que hasta pena daba regatear.

Visité cinco estados (Hidalgo, Estado de México, Veracruz, Puebla, Oaxaca) y el Distrito Federal. De lo más memorable que comí fue pozole en el mercado de Coyoacán, mole verde y rojo hecho por mi abuelita en Hidalgo, camarones enchilpayados en Veracruz, chiles en nogada en Puebla y deliciosos moles en Oaxaca.

La gente, desde mi abuelita, se pasan horas, hasta días cocinando recetas aprendidas de generación en generación. En cada esquina a cualquier hora del día, hay algo delicioso que comer, !no me daba abasto!

Cada minuto que pasé en México fue maravilloso, pero lo que más me gustó fue estar con mi familia que no había visto en 20 años. No sabía cómo me iban a recibir, pero fue como si nunca me hubiera ido. Mi familia me recibió con los brazos abiertos, platos llenos de comida, cotorreo y hasta baile. A pesar de todos los problemas que existen en México los lazos familiares son tan fuertes que son capaces de aguantar cualquier cosa.

Jamás olvidaré esta maravillosa experiencia, tanto que si por mi fuera, no regreso a los Estados Unidos. Entiendo que sería una decisión bastante complicada ya que mis padres son indocumentados y ellos no pueden salir y entrar del país, y sin ellos no me voy.

Me da mucho coraje y tristeza saber que estamos divididos por problemas sociales, económicos y políticos que existen aquí y en México. Por ahora continuaré con mis estudios con la meta de ser parte del cambio que necesitamos para poder ser realmente libres.