Camino a la racialización y al racismo

La popularidad de Donald Trump tiene la atracción del autoritarismo
Camino a la racialización y al racismo
Decenas de personas se hicieron presentes ayer en el hotel donde Trump iba a dar un discurso.

En alguna oportunidad manifesté que al pasado de Estados Unidos se puede conceptualizarlo como la historia del racismo.  Aunque dura y poco atractiva, es una caracterización precisa, especialmente hoy cuando las bases del Partido Republicano claman a gritos el regreso de la racialización y la segregación.

No es una exageración comparar a muchos republicanos que apoyan la candidatura de Donald Trump con aquellas bases que precedieron al régimen de Adolfo Hitler o aquellas que apoyaron al régimen dictatorial de Augusto Pinochet en Chile.

En base a los estudios del sociólogo alemán Teodoro Adornose se puede inferir que las poblaciones que alentaron y aclamaron la llegada de estos dos líderes tenían una “personalidad autoritaria”.  Los que apoyan a Trump también sufren de este mal.

Este tipo de personalidad no es inherente a las personas; es decir, no nacen con características autoritarias sino que la adquieren a través de los años, por medio de la familia, los medios de comunicación, la educación, etc.

Históricamente este tipo de personalidad se creó en la segunda mitad del Siglo XIX, cuando surgió un movimiento intelectual racista en Europa, el cual se expandió alrededor del mundo.

Uno de los máximos representantes de esta corriente es el filósofo inglés Hebert Spencer. Según su punto de vista, Europa se convirtió en la cuna de la modernización y en el núcleo de grandes descubrimientos revolucionarios en los campos de la tecnología, economía, artes, política, física, entre otros, debido a un esquema natural de los seres (blancos) más fuertes e inteligentes de la tierra.

Los hallazgos de Spencer tuvieron aceptación alrededor del mundo, principalmente en aquellas regiones donde los grupos minoritarios nacionales y étnicos empezaban a tener afluencia en sociedades dominantes por la cultura Occidental.

En Estados Unidos produjo un movimiento social racista que estableció la segregación institucional en el sector público y privado a inicios del Siglo XX.  Las escuelas, centros comerciales, restaurantes, buses, fueron divididos de acuerdo a color de la gente.

Hoy está misma filosofía está de moda con el movimiento que apoya a Donald Trump.  Esta gente, tal como lo mencionó Adorno, tiene una personalidad autoritaria y claman por la llegada de gobernantes fascistas y racistas.

Lo interesante es que vivimos en una sociedad democrática.  Todos podemos votar y elegir a nuestros gobernantes.  Por lo tanto es muy importante registrarse y especialmente votar por aquellas personas creyentes en la diversidad y el gobierno incluyente.