La exoneración de EPN: otra burla

Para exculpar a Peña, Rivera y Videgaray, el secretario de la Función Pública utilizó argumentos por demás simplistas
La exoneración de EPN: otra burla
Enrique Peña Nieto.

Legalmente el caso está cerrado. Pero políticamente no. La exoneración del presidente Peña Nieto, de su esposa Angélica Rivera y del secretario de Hacienda Luis Videgaray sobre el posible conflicto de interés en la compra de casas a contratistas gubernamentales ha levantado una nueva ola de indignación hacia el primer mandatario que debilita más su ya de por sí endeble mandato.
El resultado de la investigación fue previsible desde el primer día. Todos sabíamos que el secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, estaba atado de manos porque el propio presidente, su amigo y jefe, le había encargado que lo investigara en una situación que representa un claro conflicto de interés.
Para exculpar a Peña, Rivera y Videgaray, el secretario de la Función Pública utilizó argumentos por demás simplistas. Sobre la propiedad que adquirió el presidente en Ixtapan de la Sal, explicó que no había conflicto porque en esa época no era funcionario público. De Rivera aseguró que compró la famosa “Casa Blanca” con los millones que supuestamente le pagaba Televisa y lo mismo dijo de Videgaray: que había comprado su casa de Malinalco con sus propios recursos.
Andrade, sin embargo, se cuidó muy bien de no investigar el meollo del asunto: por qué todos ellos recibieron un trato preferencial del contratista Juan Armando Hinojosa. Omitió, además, el hecho fundamental de que tanto Peña como Videgaray, si bien en el momento de hacer las compras no tenían los cargos públicos que hoy desempeñan, estaban próximos a ocuparlos.
Las fallas y contradicciones de la investigación han puesto de relieve el enorme rezago de México en materia de rendición de cuentas, no sólo en comparación con Estados Unidos y Europa sino incluso con muchos países de Latinoamérica, entre ellos Brasil, Chile y Guatemala.
Es inadmisible, por ejemplo, que en México la investigación de un caso tan importante se haya encargado a un subordinado del presidente y no a una comisión independiente, como ocurriría en cualquier democracia moderna del mundo.
Las disculpas que ofreció Peña Nieto a quienes se sintieron “lastimados e indignados” por el tema de la “Casa Blanca” no hicieron sino acrecentar los ataques contra su administración, que ha vuelto a quedar en entredicho y en ridículo, no sólo en México sino ante el mundo.
Nadie espera ya que el gobierno de Peña avance un ápice en lo que se refiere al combate a la corrupción. La única esperanza es que la oposición empiece a presionar en el Congreso para cambiar las leyes actuales que encubren y protegen a quienes utilizan el poder público para su beneficio personal sin consecuencia alguna. De lo contrario, el país seguirá hundido en el atraso y la ignominia.