Escuela chárter abre sus puertas a jóvenes angelinos

Es latino el 71% de los 150 mil estudiantes en 282 escuelas chárter en Los Ángeles, la mayor concentración en Estados Unidos
Escuela chárter abre sus puertas a jóvenes angelinos
El kínder/primaria Kayne Siart con 570 alumnos se ubica cerca del parque MacArthur.

@Alvaradoisa

Huelen a nuevo los pasillos y salones del orgullo más reciente del movimiento de escuelas chárter en Los Ángeles. Es la escuela Kayne Siart, donde casi todos sus 570 alumnos son latinos.
El plantel, ubicado cerca del parque MacArthur y cuya construcción costó 40 millones de dólares, estrenó instalaciones el lunes después de pasar 15 años compartiendo espacio con otros institutos.
“Nunca tuvimos casa propia, algo que compartir, significa mucho”, dice su directora Heather McManus, mientras recibe a estudiantes y padres de familia en el tercer día del ciclo académico.

El plantel, ubicado cerca del parque MacArthur y cuya construcción costó 40 millones de dólares, estrenó instalaciones el lunes después de pasar 15 años compartiendo espacio con otros institutos.
El plantel, ubicado cerca del parque MacArthur y cuya construcción costó 40 millones de dólares, estrenó instalaciones el lunes después de pasar 15 años compartiendo espacio con otros institutos.

Alrededor de la escuela Kayne Siart viven mayormente inmigrantes hispanos, un grupo bajo la lupa del movimiento chárter debido –según éste- al pobre rendimiento académico en planteles tradicionales.

De tener instalaciones limitadas en otros planteles, su nueva escuela cuenta con dos edificios amplios, uno para aulas y otro con cafetería y biblioteca. De hecho se planea agregar un aula más a cada grado. También tienen un patio con canchas de baloncesto y fútbol rápido, y un área para sembrar, así como estacionamiento y una zona para que, sin bajar del auto, los padres dejen a sus hijos.

Los latinos y las escuelas charter

Actualmente, el 71% de los 150,000 estudiantes en 282 planteles chárter en Los Ángeles son de origen latino, indica la Asociación de Escuelas Chárter de California (CCSA).
En el noreste del Valle de San Fernando, con una alta concentración de hispanos, estos institutos ya instruyen a casi la mitad del alumnado en esa región del Distrito Escolar de Los Ángeles (LAUSD).
“Los padres eligen las chárter porque reciben educación de calidad”, dijo su directora Myrna Castrejón.
Hace unos días se reveló el ambicioso plan de distintas fundaciones que pretende tener en este tipo de planteles a la mitad de los 600,000 alumnos del LAUSD en un plazo de ocho años.
“Estamos en la etapa de exploración de una variedad de ideas sobre cómo ayudar a todas las familias”, indicó a la prensa uno de los interesados, la fundación Ely & Edythe Broad.

La maestro Kelly Erceg y sus alumnos trabajan en un proyecto dentro del nuevo plantel.
La maestro Kelly Erceg y sus alumnos trabajan en un proyecto dentro del nuevo plantel.

La idea desconcertó al Sindicato de Maestros en esta ciudad (UTLA), el cual considera que la expansión de los institutos experimentales significa “privatizar” a la instrucción oficial.
Juan Ramírez, vicepresidente del grupo gremial, asegura que la mayor parte de las escuelas chárter tienen menos desempeño académico que las tradicionales, tienen instalaciones inadecuadas y acaparan parte de los escasos recursos que los gobiernos federal y estatal envían al LAUSD.
“La manera de mejorar la educación pública es dar los recursos necesarios a las escuelas”, dijo.
Pero Castrejón, del CCSA, afirma que el desarrollo de los planteles chárter no está alejado de la realidad.
“Es posible; la capacidad, interés y auge del movimiento sostiene ese tipo de visión”, expresó.

“Aquí no hay pandillas”

De una vieja furgoneta descienden tres niños que entran corriendo a la escuela chárter Kayne Siart y su abuelo, Tomás Aguirre, los despide confiado en que estarán bien.

082615_11_Camino Nuevo - Kayne Siart Academy
“Aquí no hay tanta pandilla”, dice el anciano, comparando este plantel con uno tradicional en esa zona.
“Para mí ésta es la mejor escuela”, subraya antes de abordar su vehículo.
Algunas aulas de la escuela Kayne Siart, con alumnos de kínder al octavo grado, están decoradas con sillones, floreros y fotos, dando la apariencia de ser un apartamento. Sus ventanas inician en el suelo, hay tapetes acolchonados y ciertos alumnos se sientan sobre pelotas de gimnasio.
“Me gusta porque veo que la educación que les dan es de primera calidad”, afirmó María Flores, madre de un estudiante del séptimo grado. “Aquí yo tengo la atención”, agregó.

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